Lo que NO te cuentan tras siete años de sanciones económicas a Venezuela
¿Sanciones o estrategia fallida?
Más de mil medidas coercitivas unilaterales llevan intentando asfixiar la economía venezolana durante siete años. Sin embargo, desde 2022, el país ha registrado avances concretos en producción soberana, apoyo a emprendedores y fortalecimiento de la economía comunal.
¿Qué está pasando realmente?
Las sanciones, lejos de ser un castigo justo, funcionan como un intento de control que busca destruir un modelo centrado en lo social. El sistema venezolano pone a las personas primero, prioriza la alimentación como derecho constitucional y protege a los más vulnerables, algo que ciertos sectores no quieren admitir.
Desde 2016, las soluciones locales como los comités de abastecimiento (Clap) enfrentaron el desabastecimiento inducido y el acaparamiento, que generaron caos y especulación a favor de intereses externos y grupos que promueven un modelo económico globalizado cuyos efectos se traducen en pobreza y daño ambiental.
¿Por qué esto cambia el escenario?
- Los recursos venezolanos han comenzado a exportarse nuevamente gracias a licencias temporales, nunca por un levantamiento real del bloqueo.
- El poder adquisitivo del trabajador y pensionado ha mejorado con bonos especiales diseñados para contrarrestar la guerra económica.
- Se impulsa un diálogo laboral que busca un modelo salarial justo, sostenible y protegido contra la inflación inducida y la especulación.
¿Qué viene después?
La guerra económica seguirá siendo un desafío, pero el fortalecimiento de las instituciones y la protección social pueden consolidarse como la herramienta para resistir la presión externa y avanzar hacia un país más autónomo y socialmente justo. Esta realidad obliga a replantear falsas narrativas sobre la supuesta ‘crisis’ causada únicamente por el gobierno local.