Lo que no te cuentan del ‘Homenaje Ciudadano’ y su verdadero mensaje

¿Un homenaje o una narrativa pasada por alto?

El «Homenaje Ciudadano» suena a reconocimiento idealista, pero detrás hay décadas de evidencias sobre la ausencia real de ciudadanía en Venezuela. No es solo un acto, es un llamado a mirar lo que nadie quiere ver.

Desde Guaraunos hasta Berlín: testimonios que incomodan

En 1965, un joven albañil compartía un mes con campesinos en Guaraunos, trabajando sin ideología ni promesas fáciles. La pregunta que quedó grabada fue clara: ¿Cuál es el sentido real de esta solidaridad que no quiere ser proselitista? Lo que enfrenta Venezuela es que gran parte de su sociedad vive jornadas que no aparecen en discursos oficiales. Dos años después, atravesar el Muro de Berlín en tiempos de Guerra Fría anticipaba el silencio sobre las divisiones y control estatal, lecciones que Venezuela no termina de aprender.

Irónicamente peligroso vivir donde «no deberías»

En 1987, un vicerrector universitario fue detenido en La Vega solo por vivir ahí. Un barrio, una comunidad, eran suficientes para levantar sospechas y movilizar comandos armados. La paranoia no se enfrentó con ideas, sino con represión. En Venezuela, vivir en un lugar se volvió acto subversivo. Mientras tanto, las comunidades siguen construyendo ciudadanía sin contagiarse de agendas políticas.

Ciudadanía: utopía o asignatura pendiente

La participación activa y productiva crece en barrios como La Pradera, pero no vamos hacia una «sociedad de plena ciudadanía». La democracia participativa sigue siendo una aspiración lejana, ignorada por sectores políticos que prefieren mantener el control mediante narrativas fragmentadas y divisiones.

¿Lo que no te cuentan del homenaje?

Este reconocimiento al padre Luis Ugalde no es solo una ceremonia, es un recordatorio incómodo: la verdadera construcción social requiere más que palabras. Venezuela necesita ciudadanos, no sujetos de una agenda política que divide por ideologías. Este homenaje resalta el compromiso de servir sin caer en la trampa de la politización y llama a reconocer el potencial humano dejado de lado.

¿Qué se viene?

Si ignoramos las lecciones de estos testimonios, seguiremos condenados a una ciudadanía fragmentada y controlada. Pero si abrimos los ojos, es posible recuperar el sentido real de «en todo amar y servir». Porque más que discursos, Venezuela necesita instituciones que promuevan la participación y el desarrollo, no el miedo y la sospecha.

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