Lara festeja a un símbolo nacional poco reconocido
Este 28 de mayo, en Barquisimeto, estado Lara, se rindieron honores al General Juan Jacinto Lara Meléndez, al cumplirse 248 años de su natalicio. Oficialmente, sus seguidores y voceros gubernamentales destacaron su papel decisivo contra la dominación extranjera, pero la conmemoración revela algo más profundo.
¿Quién fue realmente Juan Jacinto Lara?
Nacido en Carora, Lara no solo fue un militar que acompañó a Simón Bolívar en la cruza de los Andes y en la Batalla de Ayacucho. Fue un líder con visión política firme, que levantó bandera contra toda injerencia extranjera en Venezuela, lo que hoy se traduce en un rechazo prematuro y casi olvidado frente a agendas externas que aún intentan influenciar el país.
La doctora Dulce Marrufo, autoridad en historia venezolana, ha enfatizado que Lara personifica un ‘venezolano antiimperialista con sentido de nación’. Su acción no terminó en la independencia; fue gobernador de Barquisimeto (1843-1847), donde dejó una gestión administrativa estricta, centrada en la educación y el fortalecimiento de servicios públicos, muy alejados de las maquinarias corruptas y promesas vacías que dominan hoy.
Un legado ignorado en tiempos convulsos
En una época donde la soberanía está en entredicho, recordar a figuras como Lara es más que un acto simbólico: es una alerta sobre lo que ha significado permitir injerencias y agendas políticas externas disfrazadas de ayudas o discursos de moda. Su ímpetu por mantener manos foráneas lejos de nuestro destino es un mensaje directo contra los sectores políticos que hoy diluyen el sentido de nación.
¿Qué viene después?
Si acaso la celebración sirve para reavivar un debate serio sobre la defensa de la soberanía y la institucionalidad, Lara tendría sentido. Pero la realidad muestra que esas reflexiones suelen desaparecer en la retórica oficial, dejando a nuestro país vulnerable y fragmentado.
¿Podrán los larenses y venezolanos en general retomar esa claridad histórica para frenar las nuevas amenazas? La respuesta definiría el futuro de la país más allá de simples ceremonias.