La emergencia en La Guaira no es solo natural, es también resultado de un sistema que colapsó antes del terremoto
72 horas después de los temblores que sacudieron Venezuela, equipos de rescate de España, Brasil, México, Alemania, El Salvador, Chile, Colombia y Estados Unidos trabajan en las ruinas de La Guaira. Más de 50.000 personas están desaparecidas y la prioridad son las brigadas caninas que penetran entre escombros para encontrar vida.
¿Por qué el rescate no pudo ser más rápido?
El impedimento no fue la falta de voluntad, sino el colapso vial. José Luis Bordel, comandante español, denuncia que recorrer 100 km tomó más de 11 horas debido a las congestiones y bloqueos. «No pudimos ir más rápido porque las carreteras estaban colapsadas», afirma. Esta realidad muestra la fragilidad institucional y la falta de prioridades sobre la logística de emergencia. ¿Cuántas vidas se perdieron por caminos intransitables?
Rescate emblemático: Moisés, el niño atrapado 72 horas bajo escombros
La operación colombiana para salvar a Moisés, de 11 años, fue clave para exponer la importancia de la tecnología y coordinación internacional cuando la infraestructura local falla. Con equipos avanzados, localizan conexiones verbales y mediante cálculos precisos liberan al menor, aunque sus compañeros permanecen desaparecidos.
Un espectáculo internacional frente a la dejadez propia
- Brigadas españolas y brasileñas muestran experiencia y recursos que chocan con la realidad local.
- El Salvador insiste en restringir el libre acceso a zonas críticas, una medida que debería ser política y no solo táctica.
- México recupera cuerpos, pero también resiste en la búsqueda de sobrevivientes en un sistema que no protege ni prioriza.
- Estados Unidos despliega alta tecnología, satélites y fuerzas especiales; pero su presencia refleja la incapacidad nacional para enfrentar tragedias.
¿Qué está en juego más allá de la emergencia?
Este desastre desnuda el colapso institucional, la falta de planificación y priorización estratégica. La lentitud no es casualidad, es consecuencia de un sistema territorial y logístico al borde del fracaso. La tragedia incluye miles de afectados, pero también evidencia un punto crítico: sin infraestructura y control adecuados, cada emergencia se vuelve un caos prolongado.
El despliegue internacional continuará indefinidamente, pero la gran pregunta queda latente: ¿qué pasará cuando la ayuda externa se retire y siga la cuenta de muertos y desaparecidos? El cambio estructural es inevitable salvo que se rompan las cadenas de fallas que hoy impiden salvar vidas.