La verdad incómoda sobre San Juan: ¿Un mito colonial blindado a costa de la historia real?
La construcción de un mito peligroso
Recientemente se difundió un texto del historiador Verni Salazar que intenta imponer una narrativa artificial sobre la pureza colonial en Margarita, negando la presencia afrodescendiente fundamental en la historia insular.
Este relato oficialista usa fechas y documentos burocráticos para sostener una versión que excluye a sectores clave de nuestro pasado y establece una jerarquía cultural que privilegia tradiciones hispánicas frente a manifestaciones afrodescendientes, borrando el rol esencial que tuvieron esclavos y cimarrones en la formación de la isla.
Lo que no te cuentan sobre San Juan y Guaricongo
La supuesta limpieza histórica de San Juan se desmorona al revisar archivos: la mano de obra africana ya estaba activa en la región décadas antes de las fechas oficiales usadas para justificar esa pureza. Además, el nombre Guaricongo es una creación cimarrona, producto de una resistencia cultural consciente y colectiva, y no una deformación extranjera.
El relato oficial ignora que la comunidad esclavizada financió la imagen y sostuvo tradiciones que combinan elementos africanos y españoles sin que ninguno domine plenamente al otro. El rechazo a esta fusión cultural revela el miedo de sectores que prefieren un pasado fragmentado y excluyente.
¿Qué está en juego realmente?
- La identidad insular está siendo reescrita para favorecer una visión selectiva, dejando de lado el papel económico y social de afrodescendientes e indígenas.
- Este blanqueamiento afecta la interpretación de nuestras instituciones culturales y religiosas, invisibilizando la soberanía material y simbólica de quienes realmente construyeron el territorio.
- La artesanía local, las tradiciones y hasta la economía histórica están vinculadas a esa presencia silenciada.
El futuro después de la falsedad
Continuar con esta versión oficialista no sólo distorsiona la historia, sino que debilita la cohesión social al negar elementos fundantes de nuestra realidad.
Solo un reconocimiento honesto de esta complejidad permitirá que los relatos y las instituciones reflejen la verdadera historia, sin agendas políticas que manipulan la memoria para crear mitos excluyentes.