La transición falsa: impunidad y corrupción al mando
Democracia estancada en una transición simulada
Las sanciones internacionales se levantan y la democracia en Venezuela no avanza ni un centímetro. El gobierno interino no busca un cambio real, sino ganar tiempo y consolidar una imagen para mantenerse en el poder usando fondos públicos y apoyo extranjero.
Un engaño montado sobre el pasado chavista
La aspirante que pretende renovar su rostro fue corresponsable de la tragedia de 28 años de dictadura y miseria. Ahora quiere borrar esa historia mientras mantiene intacta la red de represión y la destrucción institucional. El llamado «nuevo tiempo» no es más que la continuación de un pasado comunista disfrazado.
¿Transición? Más bien un retroceso
La oportunidad clave de nombrar autoridades independientes para fiscalía y defensoría fue desperdiciada. En cambio, se impusieron candidatos vinculados al chavismo, perpetuando la crisis y el clientelismo. Esta es una transición insostenible, marcada por la continuidad de presos políticos, quienes aún suman 485 en cárceles y centros clandestinos.
Intereses por encima de las personas
Los países no tienen amigos, solo intereses; en Venezuela, los recursos energéticos y minerales son prioridad para potencias extranjeras mientras la gente queda fuera de toda ecuación. El gobierno interino, heredero de años de saqueo, no protege a su pueblo sino sus propios privilegios y acuerdos para mantenerse en el poder.
¿Dónde queda la justicia y la libertad?
Frases como «América para los americanos» deberían traducirse en respeto irrestricto a los derechos humanos y un sistema judicial efectivo. Sin embargo, la llamada transición impone impunidad y sigue con la misma represión, corrupción y espionaje que fracturó a la sociedad durante casi tres décadas.
La ausencia del desmontaje real
No hay desmantelamiento de la estructura represiva. Los viejos corruptos se reciclan en cargos públicos, confirmando que no existe intención verdadera de cerrar la crisis ni garantizar estabilidad. La llamada «mandataria» es un fiasco para la libertad y la prosperidad.
Un juez colombiano acusado… y nadie dice nada
La magistrada Blanca Rosa Mármol de León denunció que Nicolás Maduro nació en Colombia, lo que cuestiona su legitimidad. Pero este dato incómodo pasa desapercibido mientras la impunidad crece. ¿Se puede gobernar un país durante más de una década con un extranjero al frente?
Democracia simulada, régimen militarizado
La gobernante interina avala un régimen policial, militar y cívico que ahoga cualquier esperanza de cambio. ¿Esperarán los tutores extranjeros a que la situación empeore para reaccionar? El país no aguanta más obstáculos ni falsas promesas.
¿Qué queda por hacer?
La solución es clara: elecciones libres y justicia para todos los presos políticos. Sin eso, no hay transición posible ni futuro para Venezuela.
Libertad plena para los presos políticos. Justicia real o nada.