La lección que el miedo y la caída esconden sobre la vida real

El miedo y la caída no son un obstáculo, son parte del camino

Mi hijo Matteo, a sus siete años, lucha por aprender a andar en bicicleta sin rueditas. El temor a caerse no es solo un capricho infantil, es la misma parálisis que sufren muchos cuando enfrentan desafíos reales.

Hace décadas, yo pasé por eso. Recuerdo una tarde en Vista Alegre, sin rueditas, sin garantías. Me caí, me levanté. Al día siguiente, ya sin apoyo, dominaba la bicicleta. ¿Por qué? Porque entendí que caer es necesario para levantarse.

¿Por qué importa esta lección más allá de una bicicleta?

Porque en la vida, el miedo a fallar o a perder paraliza a la mayoría. Los discursos dominantes escapan de esta realidad: en economía, en seguridad, en instituciones, el reto es persistir pese a las caídas. Quedar en el suelo significa renunciar.

Lo que viene después

Si dejamos que el miedo dicte el rumbo, caeremos y nos quedaremos en el suelo. Pero si inculcamos la disciplina de levantarse, podremos avanzar y superar cualquier crisis. Eso es la base de la resiliencia real, no la narrativa complaciente que niega al desafío.

¿Estamos preparados para aceptar que la caída es parte del proceso o preferimos vivir con rueditas y miedo constantes?

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