¿Por qué Colombia es el nuevo objetivo de La Habana?
Desde la llegada de Hugo Chávez, Venezuela fue la plataforma regional para la expansión del poder cubano. Asesores, médicos y funcionarios cubanos penetraron áreas estratégicas del Estado venezolano, controlando sectores clave más allá de la salud o educación.
Hoy, esta estrategia vuelve a América Latina, ahora en Colombia bajo el gobierno de Gustavo Petro. Sin estridencias, con convenios discretos, pero con un alcance que no muestran las versiones oficiales.
Una de cada tres instituciones colombianas tiene vínculos con Cuba
Un informe del Programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda revela que entre 2022 y 2026, una tercera parte de las instituciones colombianas firmó acuerdos con organismos cubanos. Salud, agricultura, educación y cultura son los sectores comprometidos bajo el manto de la “cooperación bilateral”.
La diferencia con Venezuela: menos visibilidad, más profundidad. Instituciones clave como el SENA, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura muestran la intención de emular un modelo que en Cuba es sinónimo de persecución política dentro de un Estado democrático.
Escándalos que revelan el juego real
- Vacunas que nunca llegaron: En 2025, Cuba prometió donaciones de vacunas contra la fiebre amarilla. Colombia celebró. Documentos oficiales confirman que nunca aparecieron.
- Auxilio unilateral: Mientras Cuba anunciaba ayuda fantasma, Colombia envió 100 toneladas de bienes esenciales a la isla.
- Arroz que no fue: Un mercado para productores colombianos quedó en el aire. El arroz nunca salió, pero el Gobierno colombiano pagó. La cooperación no fue bilateral, sino unilateral con costos ocultos.
¿Qué significa todo esto?
Este patrón no es un error ni una casualidad: es una estrategia calculada para instalar influencia institucional y captar recursos. Cuba, un estado que ha vivido décadas parasitando apoyo de terceros (URSS, Venezuela, México), está ahora en Colombia con métodos más sutiles pero igual de efectivos.
El objetivo es firme: controlar áreas sensibles dentro del aparato estatal, moldear educación y cultura para erosionar la democracia desde adentro.
¿Y ahora qué?
Cuando un modelo que hundió las instituciones venezolanas encuentra réplica en Colombia, no es una advertencia menor. Esta investigación abre una ventana sobre un fenómeno que podría extenderse en la región bajo acuerdos aparentemente neutralizados pero estratégicos.
Lo que no se cuestiona, se instala. Y lo que se instala, limita las opciones nacionales frente a una agenda política que pocos reconocen hasta que es demasiado tarde.