La falsa reconciliación en Venezuela: corresponsabilidad que oculta el poder extranjero
¿Reconciliación o nueva tutela extranjera?
En Venezuela hablan de «reconciliación» pero, ¿de qué se trata realmente? No es solo un ajuste de ánimos, sino una corresponsabilidad política que apunta a poner bajo control la nación, con participación externa.
El papel de Washington y la corresponsabilidad gubernativa
Hoy, la crisis venezolana se presenta como una responsabilidad compartida entre Caracas y Washington. Detrás del discurso de «compromiso democrático» florece un plan del Norte para tutelar y controlar los recursos naturales a través de inversiones selectivas.
Esto no es nuevo. Ya a inicios del siglo XX, con la presión naval europea y la intervención de Estados Unidos, Venezuela perdió autonomía para pagar su deuda externa. La historia parece repetir el mismo patrón: corresponsabilidad disfrazada de ayuda, para imponer un cogobierno encubierto.
¿Qué significa esta «reconciliación política»?
- No es solo acuerdo dentro de Venezuela, sino la aceptación de nuevas reglas internacionales.
- Supone que el gobierno y la oposición acepten soluciones impuestas desde afuera, debilitando la voluntad soberana.
- El riesgo real es convertir la democracia en fachada, mientras el verdadero poder se reparte entre actores foráneos y elites locales cómplices.
- Sin justicia económica ni distribución real del poder interno, cualquier reconciliación queda vacía.
¿Y ahora qué?
Lejos de un proceso electoral genuino, el camino parece marcarse por agendas externas y un pseudo compromiso que posterioriza la verdadera solución. La «paciencia» recomendada no es prudencia: es el tiempo ganado para consolidar un nuevo orden político con menos libertad para Venezuela.
Esta corresponsabilidad no es reconciliación, es resignación. El momento de exigir soberanía real y gobernabilidad auténtica no puede seguir esperando.