La emergencia en Venezuela está en manos de un general estadounidense, no de sus autoridades

La verdad detrás del control de la emergencia sísmica en Venezuela

Delcy Rodríguez designó al mayor general Juan Ernesto Sulbarán Quintero para atender la emergencia tras los terremotos. Pero la llegada a Caracas de Kevin J. Jarrard, un general estadounidense, cambia el juego por completo.

¿Quién realmente lleva el mando? Sulbarán tiene el título, la autoridad interna. Pero Jarrard aporta la logística, la experiencia y la capacidad operativa que Venezuela no tiene.

Un contraste insoslayable

  • Sulbarán: Oficial venezolano con trayectoria en control territorial y orden público, pero sin experiencia comprobada en atención a desastres de esta magnitud.
  • Jarrard: Marine con formación militar avanzada y despliegue en misiones internacionales, experto en logística, planificación y coordinación de operaciones complejas.

Sulbarán es el rostro político y local asignado para mantener orden. Jarrard es quien realmente sabe cómo movilizar recursos y coordinar rescates en emergencia mayores.

¿Un gobierno bajo tutela operativa extranjera?

El poder efectivo de respuesta en Venezuela, en crisis crítica, está condicionado por un mando externo. La ayuda estadounidense no sólo trae recursos, sino control operativo: medios aéreos, buques, personal especializado y estructura de comando militar.

Esto revela una incapacidad interna grave. La autoridad nominal no garantiza efectividad operativa. La verdadera gestión del desastre depende de una estrategia externa. ¿Qué implica esto para la soberanía y la autonomía nacional?

Lo que viene

La coordinación de la emergencia seguirá dependiendo de la agenda, medios y decisiones de EE.UU. Mientras, Venezuela enfrenta el riesgo de que las prioridades y recursos se alineen más con intereses externos que con una política nacional autónoma de gestión de crisis.

Queda claro que la diferencia no es ideológica, sino de capacidad real para salvar vidas y gestionar una catástrofe. Venezuela no puede permitirse el lujo de depender de un mando extranjero en asuntos que definen su seguridad y futuro inmediato.

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