La crisis sismológica en Venezuela: abandono institucional y construcciones que ponen vidas en riesgo
Funvisis reducido a 3 estaciones activas: el colapso de la vigilancia sísmica
Los recientes terremotos en el litoral venezolano evidencian un desastre anunciado. La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), responsable del monitoreo sísmico, fue desmantelada con una reducción brutal: de 300 estaciones a apenas 3 funcionando, sin recursos ni respaldo estatal para su operatividad.
Este silencio institucional por horas tras el terremoto del 24J refleja la profundidad del abandono. Sin información en tiempo real, la gestión del riesgo se convierte en una quimera.
El vacío de expertos y la fuga de talento agravan la crisis
La asfixia a las universidades ha provocado que la mayoría de los especialistas huyan del país, dejando solo a jubilados al mando. La consecuencia: la falta de capacidad técnica para responder y anticipar futuras catástrofes naturales, en un país donde el riesgo sísmico es constante.
Edificaciones que deberían resistir, pero colapsan: ¿dónde falló la construcción?
Los ingenieros advierten que Venezuela cuenta desde 2019 con una normativa sismorresistente avanzada. Sin embargo, dos terremotos con magnitudes superiores a 7 superaron las capacidades previstas.
Pero el problema va más allá. La realidad es que las estructuras “se comportan como se construyen, no como se diseñan”. La falta de inspección técnica rigurosa, permisos poco supervisados y ausencia de estudios geotécnicos minan la seguridad real de las edificaciones.
La responsabilidad no es solo técnica, sino institucional. La permisividad en municipios permite que edificaciones vulnerables sigan levantándose, exponiendo a la población a tragedias previsibles.
Equipos de rescate insuficientes: la respuesta estatal muestra grietas
La gestión de emergencias quedó al descubierto: no hay suficientes equipos de búsqueda y rescate urbanos (USAR) capacitados ni equipados. La falta de instrumentos claves y la precariedad en la organización hacen que la ayuda internacional tampoco sea suficiente o eficiente.
Mientras tanto, miles quedan sin atención o recuperaciones en condiciones dignas, amplificando el impacto humano y social de la catástrofe.
La ayuda no basta sin estrategia y liderazgo claros
No todo tipo de asistencia contribuye en fases críticas. Sin coordinación ni priorización, incluso la ayuda buena intención puede entorpecer las operaciones.
El Estado debe enfocarse en fortalecer su capacidad interna para responder con prontitud y eficacia, incluyendo la actualización y difusión del informe EDAN para dirigir los recursos donde más se necesitan.
Conclusión: un desastre socionatural que refleja el colapso institucional y la negligencia
El litoral central, zona sísmica de alta peligrosidad, no puede seguir siendo una bomba de tiempo. El desastre del 24J no fue casual. Recurre al abandono de infraestructura crítica, falta de controles en construcción y una respuesta estatal insuficiente.
Las consecuencias van más allá de edificios dañados; son vidas en juego y un país sin capacidad real para protegerlas. Si no se asumen responsabilidades y se actúa con urgencia, esta tragedia será solo la primera de muchas.