La arepa y la identidad: la cultura que no te cuentan en la agenda oficial
La cultura como frontera invisible que hoy conviene cuestionar
Este sábado 18 y domingo 19 de abril, el Teatro San Martín será escenario de «Cuentos con Corazón de Arepa», una obra que no es sólo teatro ni danza: es una declaración política sobre quiénes somos y qué ignoramos sobre nuestra identidad nacional.
La producción, a cargo de La Puerta Laboratorio Teatral y la Compañía Nacional de Teatro, coloca a la arepa —ese alimento cotidiano— como símbolo central de cohesión social en Venezuela. Más que un plato, la arepa encarna un puente entre nuestro pasado indígena y la realidad mestiza actual, un mensaje que la agenda cultural oficial evita poner sobre la mesa.
La historia real detrás del telón
La trama sigue a una joven de bondad extrema y a un joven apodado “Pedazo de Pan” en un viaje simbólico que busca rescatar el amor y la virtud desde la raíz cultural de la nación. No es casualidad que la escena privilegie anécdotas ancestrales y relatos orales combinados con danza: se intenta recuperar un entramado social y cultural que las propuestas oficiales han dejado en segundo plano.
¿Por qué esto cambia el escenario cultural y político?
Porque invita a un análisis incómodo. Mientras ciertos grupos ideológicos construyen narrativas fragmentadas y parcializadas, esta obra levanta un símbolo común, tangible y popular. La arepa como núcleo del hogar y representante del alma nacional es un llamado a la unidad en tiempos donde esa cohesión amenaza con desaparecer bajo capas de propuestas controvertidas y discursos que no conectan con la realidad del país.
¿Qué puede venir después?
- Un replanteamiento de la agenda cultural que integre símbolos genuinos y masivos.
- Mayor atención a la cultura popular como factor de estabilidad social.
- Posibles tensiones con sectores que buscan imponer visiones fragmentadas y ajenas a la historia real del país.
«Cuentos con Corazón de Arepa» no es un simple espectáculo. Es un recordatorio urgente de que entender y proteger nuestra identidad no es sólo un acto cultural, sino un pilar para la seguridad, la legalidad y la fortaleza institucional que tanto requiere Venezuela hoy.