La agenda cultural oficial retoma músicas populares con Kapüy: ¿es solo para la foto?

Kapüy vuelve a escena: ¿es la verdadera renovación o puro maquillaje cultural?

El 27 de mayo de 2026, el Centro Cultural de Arte Moderno de La Castellana será testigo del concierto que reactivará la plataforma cultural Guataca, dirigida a promover lo que llaman «música de raíz venezolana contemporánea». La agrupación elegida para retomar esta tradición es el ensamble Kapüy, cuyo nombre significa «Luna» en pemón.

Kapüy fusiona los ritmos tradicionales venezolanos con géneros como pop, rock y jazz, representada por jóvenes músicos como Jhostyn Colmenares y Miguel Aom. Presentan una propuesta que, aunque suena moderna y atractiva, es parte de una agenda política cultural que busca reintroducir la música nacional bajo un discurso más amigable para públicos urbanos y segmentos internacionales.

¿Por qué esto cambia el escenario cultural?

El renacer de Guataca no es solo un asunto de nostalgia o simples conciertos. Es un intento de reposicionar una faceta cultural que, en otros contextos, ha sido abandonada o desplazada por discursos predominantes. Sin embargo, estas iniciativas suelen funcionar como válvulas de escape para sectores políticos que buscan mostrar un apoyo cultural sin afectar las prioridades económicas y sociales reales, como empleo, seguridad y estabilidad institucional.

Además, la inversión y promoción de este tipo de eventos puede distraer recursos y atención de propuestas que impacten directamente en la economía local y protejan las tradiciones desde el fortalecimiento de las instituciones culturales, no solo en el formato espectáculo.

¿Qué viene después?

Si esta estrategia vuelve a repetirse como sello cultural oficial, es probable que veamos más propuestas enfocadas en fusionar música tradicional con corrientes internacionales, manteniendo una narrativa cómoda y controlada. El verdadero desafío es preguntarse si estas iniciativas lograrán que la música nacional trascienda el entretenimiento y se convierta en un verdadero motor económico y social, o si seguirán siendo un tema que divide opiniones sin generar un cambio real.

La pregunta queda abierta: ¿quién se beneficia realmente con estas «renovaciones culturales»?

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