La academia secuestrada: cómo el dogma ideológico destruye la competencia técnica

¿Por qué siguen imponiendo militantes en cargos clave?

La reciente designación de Eglée González Lobato como defensora del Pueblo y Luis Alberto Pérez González al frente del Banco Central de Venezuela no es un error aislado. Es la continuidad de un problema estructural: la política por encima del mérito técnico.

Ambos funcionarios tienen un historial ligado al régimen actual y plantean visiones opuestas a la oposición, pero eso no es lo peor. Lo preocupante es la persistencia de un patrón que llamo “el arrime de los acólitos”. En vez de elegir por capacidad, se privilegia la lealtad ideológica.

La defensa basada en sombras del pasado

El apoyo del Dr. Alberto Arteaga Sánchez a González Lobato se basa en un argumento que destila conformismo: ella es egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV) —una casa de estudios que en su entorno está plagada de un pensamiento único radicalizado. Pero pertenecer a una élite académica no garantiza independencia, mucho menos mérito.

Un choque ideológico que no cesa

Estudiar en la Universidad Santa María en los ochenta era enfrentarse a un muro de ideología izquierdista en la UCV. Mientras un sector se enfocaba en la técnica y la preparación, el otro abrazaba una “conciencia social” que convertía cualquier crítica en un ataque al “pueblo”. Los términos descalificatorios, como “Pitiyanki”, eran usados para cerrar cualquier debate real. Esta polarización no comenzó con Chávez: simplemente se profundizó, profesionalizó y se incrustó en las instituciones.

La dictadura del pensamiento único y su costo

La socialdemocracia no pudo frenar la extensión de esta dictadura intelectual. Se instaló una cultura que rechaza el pensamiento liberal en favor de un dogma estatista y colectivista. Lo que se llama “pueblo” no es más que una excusa para que el Estado tome decisiones sin control ni técnica. El sistema burocrático crece y se protege con rituales ideológicos y canciones de la Nueva Trova, consolidando un clan cerrado que desvaloriza a quienes piensan distinto.

El daño real: ¿y si hubiésemos aprendido de Hayek y Friedman?

En Venezuela faltó contrapeso. Ni Friedrich Hayek, ni Ludwig von Mises ni Milton Friedman fueron leídos ni entendidos. En su lugar, triunfó un modelo estatista que llevó al desastre económico y social: desde el Caracazo hasta la instauración del régimen chavista. No es un simple choque académico, sino la raíz de la crisis institucional y económica que sufrimos.

Lo que viene: depurar ya la política en la academia y el Estado

Esto no es solo una pelea de universidades ni una rivalidad entre generaciones. Es la herencia venenosa de colocar la lealtad política por encima de la competencia técnica. De aquellos barros surgen estos lodos: el Estado como solución absoluta es la mentira que destruye instituciones y ahoga capacidades.

Si realmente queremos un cambio, debemos remover de raíz a estos acólitos que impiden la recuperación técnica, institucional y económica de Venezuela. La reforma tiene que empezar por abrir la academia y los cargos públicos a la competencia, no a la agenda política.

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