El cacao venezolano como apuesta política y económica
Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, entregó a productores de Barlovento una Ley que promete preservar y aumentar la producción del cacao venezolano, considerado por él mismo como el mejor del mundo.
¿Qué pasó?
En una visita al Centro Nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación del Cacao (Cenidic), Rodríguez anunció oficialmente la nueva legislación para fomentar el sector, acompañado del gobernador de Miranda. Propuso también la creación de una universidad especializada en cacao con la meta de incorporar la producción local como paso formativo desde la semilla hasta la venta.
¿Por qué esto cambia el escenario?
El discurso oficial insiste en detener la siembra de variedades extranjeras, calificándolas de «pan para hoy, hambre para mañana». La ley prioriza la preservación y aumento de la producción de la variedad criolla con el argumento de mantener la calidad histórica del producto, mientras se critica una supuesta dependencia innecesaria de otros orígenes. Pero ¿qué pasa con la competitividad en mercados globales donde volumen y costo mandan?
Además, la propuesta implica centralizar trámites productivos y aumentar la intervención estatal, eludiendo que la burocracia suele complicar más que facilitar.
¿Qué viene ahora?
Se plantea impulsar la planta procesadora Oderí, y la inclusión de contenidos educativos sobre cacao en escuelas locales para «inocular» el «amor» por la semilla criolla.
Sin embargo, esta apuesta puede limitar la innovación en el sector y cerrar la puerta a métodos o variedades más rentables. La protección estricta de una variedad «ancestral» parece una cortina de humo para posponer reformas estructurales necesarias que impulsen la economía agroindustrial y consoliden la competitividad internacional.
Más allá del marketing político y los discursos de nacionalismo agrícola, queda la pregunta sobre si realmente esta Ley beneficiará la sustentabilidad del sector o se convertirá en un nuevo obstáculo estatal para el desarrollo económico genuino.