Instituciones en Venezuela: El gran bloqueo tras la caída de Maduro

¿Por qué la caída de Maduro no bastó para cambiar Venezuela?

La respuesta está en las instituciones. No solo en sus leyes, sino en reglas informales profundamente arraigadas que perpetúan un sistema de poder extractivo y autoritario.

Instituciones: el verdadero poder detrás del escenario

Douglass North, Nobel de Economía, las define como las reglas de juego para que una sociedad funcione. Hay las formales: Constitución, leyes, normas. Y las informales: costumbres, valores y hábitos que moldean el comportamiento social y resisten cambios abruptos. En Venezuela, estas instituciones informales refuerzan la estructura estatista, el culto al hombre fuerte y el protagonismo militar, legado de una historia que no se desmonta con simples detenciones.

La trampa institucional que engendró el autoritarismo

Los cuarenta años de supuesta democracia venezolana estuvieron marcados por un Estado hipertrofiado, basado en un modelo extractivo que concentra ingresos y poder. Es precisamente ese modelo, descrito por los premios Nobel Acemoglu y Robinson, el que abre paso a élites autocráticas y sistemas políticos cerrados. Chávez no creó este problema, lo explotó y convirtió en un poder de facto autoritario, anulando la institucionalidad liberal de la Constitución.

Su régimen impuso valores que sustituyeron mérito por lealtad, libertad por obediencia y competencia política por guerra contra opositores. Esto creó instituciones informales que consolidaron un Estado de terror y control absoluto sobre la renta petrolera.

¿Qué dejó la salida de Maduro?

Nada que cambie el fondo. La institucionalidad paralela persiste. Leyes de amnistía selectivas, represión a protestas legítimas y funcionarios represores en puestos clave demuestran que la estructura autoritaria continúa en pie. El apoyo tácito o abierto de actores externos, interesados en la explotación petrolera, mantienen esta estructura intacta.

Lo que hay es una pugna soterrada entre reglas de juego incompatibles con una democracia liberal y una fachada de apertura que oculta el mismo régimen extractivo. Mientras figuras como Jorge Rodríguez apuestan a postergar elecciones bajo el pretexto del caos, el país se hunde en violencia, colapso de servicios y estancamiento político.

¿La salida real?

Elecciones libres, transparentes y supervisadas internacionalmente. Sin fachada ni componendas. Solo así se podrá superar el limbo institucional y restablecer libertades reales, justicia social y un sistema de valores que premie el esfuerzo y el respeto, elementos esenciales para una democracia funcional.

El regreso de líderes como María Corina Machado no es solo simbólico, es clave para inclinar la balanza hacia el cambio verdadero, romper con la trampa institucional heredada y abrir paso a la Venezuela que demanda su pueblo.

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