Hokum: Cuando el horror folk revela heridas que nadie quiere enfrentar
Un terror que no solo asusta, sino que desnuda heridas
Hokum, la nueva película de Damian McCarthy, no es un terror más. Aquí, el miedo es una forma de venganza sobrenatural que va directo al trauma que nadie quiere reconocer.
Un escritor viaja a Irlanda para esparcir las cenizas de sus padres y termina atrapado en un misterio que va más allá de lo paranormal. Lo brutal es que la trama no ofrece respuestas fáciles ni monstruos obvios. El verdadero horror está dentro de la mente humana y en los dolores heredados.
¿Por qué esto cambia el juego?
Porque se aparta del terror simplista y nos sumerge en el lado invisible del miedo: las heridas que se manifiestan en formas inquietantes. No es filosofía vacía, sino una advertencia sobre cómo lo emocional sin resolver puede abrir puertas a realidades oscuras y peligrosas.
Ohm Bauman, el protagonista, ni héroe ni villano, es un hombre roto que no busca salvar nada, sino aferrarse a un pasado que quiere olvidar pero que lo consume. Su viaje en el hotel familiar destapa la mediocridad de la vida que llevaba y el miedo profundo que arrastra, sin sentimentalismos ni idealización.
¿Qué sigue después de esta revelación?
Cuando Fiona desaparece, todo cambia. El vacío que deja saca a la luz la indiferencia y la complicidad de quienes prefieren no investigar lo que realmente sucede. El lugar se convierte en un espejo de silencios y reglas no escritas que mantienen intacto un terror ancestral.
La película no entrega certezas. Deja abierta una pregunta: ¿somos nosotros mismos quienes alimentamos los monstruos que tememos? Esa incertidumbre es más aterradora que cualquier aparición sobrenatural.
Hokum no es solo cine de horror, es un mapa incómodo de nuestra fragilidad emocional y nuestro miedo a enfrentar el pasado. Algo en lo que los discursos oficiales prefieren no insistir.