Esequibo: Venezuela arriesga perderlo por estrategia fallida y ahora Trump podría ser la clave
El Esequibo en juego: el 4 de mayo es un punto de quiebre
Venezuela presentará su defensa ante la Corte Internacional de Justicia para contrarrestar la demanda de Guyana, que reclama soberanía sobre el Esequibo y territorios vinculados, avalados en un fallo de 1899 y respaldados por Gran Bretaña. De confirmarse, Venezuela perdería control sobre esas tierras estratégicas.
Estrategia venezolana: un bloqueo autodestructivo
Durante años, Venezuela ha rechazado la jurisdicción de la CIJ y ha ignorado plazos y recursos clave, debilitando su posición. La política de aislamiento y ruptura de relaciones internacionales ha erosionado la seguridad jurídica necesaria para defender su soberanía. Un enfoque basado en la negación y no comparecencia ha sido vaciado de argumentos legales sólidos.
Esto no es un problema nuevo: la historia muestra cómo rencillas políticas internas e intransigencia ya arruinaron acuerdos similares en el pasado, como el tratado con Colombia en 1939 que falló por disputas internas y dejó abiertas nuevas disputas territoriales.
¿Por qué el cambio es urgente?
Persistir en la estrategia de suma cero, donde se busca ganar todo a expensas de la otra parte, no cabe en un escenario que demanda pragmatismo y negociación inteligente. Venezuela no puede arriesgar perder el Esequibo por orgullo mal concebido ni por errores pasados. La reclamación debe adaptarse a un modelo de suma variable que asegure al menos una salida marítima en el Atlántico y posibilidades de cooperación.
Trump como actor inesperado pero indispensable
El restablecimiento de relaciones con Estados Unidos abre un nuevo escenario donde la influencia pragmática de Donald Trump, reconocido negociador en conflictos complejos globales, puede jugar un papel decisivo. Su enfoque en la seguridad energética regional, uniendo las vastas reservas venezolanas con las emergentes capacidades guyanesas, podría resultar en un acuerdo de beneficio mutuo imposible para el aislamiento actual.
Más que un capricho político, la intervención de Trump puede ser la clave para desbloquear un conflicto estancado y transformar una derrota judicial en una victoria diplomática, que salvaguarde no solo los recursos sino la estabilidad regional.
El futuro depende de un giro inmediato
Delcy Rodríguez tiene en sus manos una oportunidad histórica para romper con el pasado y reactivar una estrategia pragmática de Estado. Aceptar el diálogo y la negociación sobre el Esequibo no es cesión, es sentido realista para garantizar soberanía y evitar perder el control territorial en instancias internacionales por errores políticos internos.
El 4 de mayo debe marcar el fin del aislamiento y la intransigencia. Venezuela debe abandonar la vieja política de confrontación rígida y apostar por la suma variable. Solo así podrá defender efectivamente sus derechos y evitar que intereses externos definan su destino sin su participación.