El trío que entregó a Maduro: la verdad detrás de la operación secreta

¿Quién entregó verdaderamente a Maduro?

Desde el 3 de enero, cuando Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron retirados, todas las narrativas oficiales coinciden en que fue una «operación exitosa». Pero la verdad que no quieren contar es que esta exitosa extracción fue una entrega, una traición desde adentro del régimen.

El trío de la entrega

Desde el 4 de enero, todos los ojos están puestos en Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, y finalmente Gustavo González López, quien fue impuesto como ministro de Defensa, desplazando a Vladimir Padrino López. Este movimiento estaba planificado y aprobado por las potencias externas que controlan la agenda venezolana.

González López, un general con antecedentes de violaciones a los derechos humanos y corrupción, fue colocado estratégicamente en el corazón de la defensa militar. ¿La razón? Necesitan a alguien que asegure que la «presidencia interina» siga obedeciendo órdenes, no a Venezuela, sino a intereses externos.

Un plan con sello extranjero

Lo más doloroso es que esta designación no es casualidad. Delcy Rodríguez asumió el control en alianza con Estados Unidos, en un pacto que busca garantizar negocios energéticos, no libertad ni democracia para venezolanos.

¿Por qué mantener a un militar con historial oscuro en Defensa? Porque el poder de verdad está en el control interno, y ellos saben que solo alguien plenamente cómplice puede mantener esa estructura intacta.

¿Qué viene después?

  • Un cambio de caretas que podría aumentar la represión y mantener el control político disfrazado de transición.
  • Una oposición debilitada y dividida, con líderes asediados o en el exilio, incapaz de capitalizar esta nueva fase.
  • La continuidad de la influencia extranjera en la política venezolana, priorizando sus intereses empresariales por encima de los derechos y futuro del país.

¿Seguiremos repitiendo la historia?

Quienes anhelan un cambio real deben entender que esta «entrega» fractura cualquier posibilidad de recuperación auténtica si no se exige una verdadera renovación institucional y la caída total de este acuerdo entre «interinos» y los poderes externos. La lucha no puede detenerse en meras ilusiones de libertad simulada.

La pregunta es clara: ¿Seremos cómplices del engaño o construiremos un camino propio hacia la soberanía y la justicia?

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