El regreso de los migrantes: la otra crisis que ignoramos

Volver no es retroceder, pero sí un desafío crudo

Durante años, nos vendieron la idea de que emigrar es sinónimo de progreso automático. Que cruzar la frontera, especialmente hacia Estados Unidos, es garantía de éxito. La realidad es otra: emigrar solo empieza un proceso complejo.

No basta con llegar. Requiere disciplina, esfuerzo y adaptarse a una sociedad que premia el trabajo real. Pero incluso así, no todos lo logran.

Ahora, la parte que no te cuentan: el regreso

El retorno de venezolanos empieza a crecer y no es un fenómeno simple ni temporal. Es producto de expectativas frustradas, nuevas políticas migratorias más duras y del desgaste emocional y económico.

Regresar no significa empezar de cero ni retroceder. Contar esa narrativa es ingenuo. Lo cierto es que quienes vuelven enfrentan un país cambiado, sin estructuras preparadas para recibirlos.

¿Por qué importa?

  • Política pública en jaque: Nunca se diseñaron políticas para que el país soporte este retorno.
  • Tensión social: Comunidades que han cambiado deben absorber a personas que regresan con experiencias y, a menudo, incertidumbre.
  • Economía desigual: Algunos retornan con capital, otros con precariedad acumulada.
  • Salud ignorada: El desgaste emocional, estrés y fracturas identitarias no desaparecen con solo cruzar la frontera de regreso.

¿Estamos listos para esta realidad? La respuesta, por ahora, es no. Ignorar el fenómeno solo empeora las consecuencias.

El retorno es un proceso tan complejo como irse. Si no lo comprendemos, la crisis migratoria venezolana solo tendrá una nueva cara. ¿Quién asumirá la responsabilidad de prepararnos para enfrentarla?

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