El oscuro comercio de indígenas que nadie quiere recordar

Un secreto incómodo en la historia venezolana

El tráfico de personas para explotación laboral y sexual no es una historia del pasado remoto. En Venezuela, esta práctica persistió mucho después de la abolición oficial de la esclavitud, ocultando un comercio clandestino que dañó comunidades enteras.

¿Qué pasó realmente?

En 1912, un telegrama del gobernador de Maracaibo a Juan Vicente Gómez revelaba la intención de frenar el «comercio de indios» en el estado. Ordenó arrestar a intermediarios que vendían indígenas de la región de la Guajira, incluso menores de edad, en un negocio protegido por caciques locales y tolerado por las autoridades.

Las supuestas «entregas benéficas» de menores a familias marabinas resultaron ser una fachada para dormitorios sin derechos ni sueldo, destruyendo identidades y manteniendo una esclavitud de facto.

¿Por qué esto cambia el tablero?

Mientras la narrativa oficial celebra la abolición en 1854, este documento evidencia complicidad institucional y una red que perpetuó la explotación. La indiferencia estatal frente a estas prácticas subraya la fragilidad real de la ley cuando intereses políticos y económicos se cruzan.

¿Qué viene ahora?

Si se sigue ignorando este capítulo oscuro, Venezuela seguirá teniendo grietas graves en la protección de sus pueblos originarios. Reconocer y enfrentar este historial es clave para frenar cualquier forma de esclavitud moderna y restablecer la legalidad efectiva.

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