El martillo inquisidor que sigue golpeando la justicia moderna

El martillo inquisidor que sigue golpeando la justicia moderna

En 1487, El martillo de las brujas surgió como una herramienta para legitimar el poder punitivo mediante la persecución de mujeres consideradas amenaza social. Más de 500 años después, ese mismo espíritu punitivo y represivo persiste en nuestras leyes.

Esta obra, lejos de ser solo un libro del pasado, se convirtió en el modelo fundacional que justifica la criminalización apresurada y la violencia estatal contra los sectores vulnerables. La «lucha contra el mal» que proponían los inquisidores hoy se replica en políticas legales que olvidan causas sociales y derechos, apuntando solo a resultados inmediatos para calmar la opinión pública.

El problema no es la ley en sí, sino cómo ciertos sectores políticos transforman la justicia en un martillo implacable, aplastando a quienes deberían proteger. La historia inquisitorial y el machismo institucionalizado no desaparecieron; solo cambiaron de forma y color.

¿Por qué esto cambia el escenario?

Porque revela que bajo la apariencia moderna se esconde un viejo método: imponer control y castigo sin resolver los conflictos de fondo ni respetar la legalidad. La realidad social se criminaliza, las instituciones se debilitan y la confianza ciudadana desaparece.

¿Qué viene después?

Si no cuestionamos estas prácticas, seguiremos aceptando un sistema que utiliza el derecho penal como herramienta represiva. El martillo sigue en mano, y quienes pagan el precio son siempre los más desprotegidos.

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