El éxodo de multinacionales hoteleras: ¿el golpe definitivo a la economía cubana?

Multinacionales hoteleras abandonan Cuba: un terremoto económico inevitable

Este miércoles, Meliá decidió cerrar 15 de sus 34 hoteles en Cuba. Iberostar renunció a 12 de los 16 que tenía. Blue Diamond canceló todas sus operaciones. Y Archipelago International ya retiró su marca Aston de hoteles clave en La Habana.

¿La razón? Sanciones estadounidenses que apuntan a Gaviota, la cadena turística controlada por Gaesa, el conglomerado militar que domina gran parte de la economía cubana. Una orden ejecutiva firmada el 1 de mayo por Donald Trump impuso un ultimátum: corte lazos con Gaesa o enfrente sanciones severas.

El verdadero impacto detrás de la retirada de las cadenas

No es solo una salida empresarial. Es la pérdida de los sistemas de reservas, la promoción internacional y los estándares de calidad que mantenían a Cuba en el mapa turístico mundial.

En un país donde alrededor de 80.000 habitaciones dependen en gran medida de operadores extranjeros, esta fuga significa quedarse sin clientes y sin ingresos. La pandemia ya había hundido el sector; ahora la crisis energética, con apagones diarios y escasez de combustible, lo agrava aún más.

Turistas internacionales desaparecen. De 4 a 5 millones anuales se pasó a solo 328.608 en los primeros cuatro meses de 2026, una caída superior al 55%.

¿Qué viene para Cuba en este escenario?

  • Más hoteles bajo operación estatal, pero sin la capacidad para atraer visitantes.
  • Un turismo reducido a residentes locales, diplomáticos y cubano-estadounidenses, insuficiente para sostener la infraestructura.
  • Un dilema fiscal y operativo: mantener hoteles con altos costos fijos prácticamente vacíos es insostenible.
  • La economía cubana se encamina a una reconfiguración forzada, mientras pierde inversión extranjera y se queda aislada.

¿Quién resuelve el problema real?

Gaesa controla la mayor parte del sector turístico, y las sanciones de EE.UU. buscan aislarlo. Pero esta estrategia deja al país sin los recursos esenciales para sostener la industria turística y, por extensión, gran parte de la economía nacional.

Las empresas extranjeras no se van solo por presiones legales, también por la crisis interna: apagones, falta de combustible y falta de garantías operativas. Cuba no solo está perdiendo hoteles, está perdiendo su capacidad básica para generar ingresos en divisas.

Ante este escenario, la pregunta es clara: ¿podrá Cuba sostener su economía sin inversión extranjera y sin un sector turístico debilitado al límite? Lo que nadie cuenta es que el futuro inmediato se juega no en discursos, sino en la capacidad real de llenar esas habitaciones vacías o simplemente mantenerlas abiertas.

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