El Esequibo no está perdido: la clave está en la voluntad política y defensa jurídica
El Esequibo no se pierde solo: es la política la que determina el destino
Se acerca la audiencia oral en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) el 4 de mayo. Venezuela enfrenta un momento decisivo en su reclamo por el Esequibo.
Hasta ahora, la administración anterior mantuvo una estrategia de rechazo total: no reconocer la competencia de la CIJ y no comparecer o hacerlo solo bajo protesta. Esta postura ha aislado a Venezuela frente a organismos multilaterales como la CIDH, CIADI y la propia CIJ.
El cambio de enfoque, pasando a una defensa jurídica técnica y eficiente, no es solo necesario, sino urgente. Mantener la negativa es un suicidio político y legal que pone en riesgo la soberanía sobre los 159.000 km² del Esequibo.
¿Por qué este giro cambia el escenario?
Cuando la CIJ se declaró competente en 2020, Venezuela perdió la oportunidad de ignorar el proceso. La Corte puede dictar sentencia basándose únicamente en la posición de Guyana. Esto dejaría a Venezuela sin defensa, vulnerable y en clara desventaja.
Reconocer la jurisdicción permite presentar documentos históricos, tratados y pruebas que invalidan el Laudo Arbitral de 1899, centro del conflicto. Pretender ganar con consignas o medidas populistas solo expone al país a perder lo que legítimamente le pertenece.
La diplomacia debe basarse en pruebas, tratados vigentes y estrategia, no en retórica política vacía. El uso del Derecho Internacional Público es la única vía efectiva.
¿Qué puede pasar si no cambian de rumbo?
La continuidad en negarse a la defensa jurídica implica repetir errores históricos que costaron territorios estratégicos. Como el Tratado Borges-López Mesa de 1939, que terminó beneficiando a Colombia.
La ministra Delcy Rodríguez tiene en sus manos la oportunidad de construir una defensa sólida que detenga las pretensiones guyanesas, especialmente sobre la delimitación marítima y recursos petroleros.
Un fallo adverso por inacción o error será una derrota histórica irreversible, con consecuencias para la seguridad nacional y la integridad territorial.
El llamado es claro
- Desprenderse del populismo y articular una estrategia jurídica integral.
- Incorporar expertos internacionalistas y abogados de primer nivel para enfrentar las demandas en la CIJ.
- Usar el Acuerdo de Ginebra no como un rechazo, sino como una herramienta estratégica dentro del tribunal.
- Superar posiciones políticas que han colocado a Venezuela en clara desventaja frente a una Guyana empoderada y respaldada por intereses petroleros.
Si se actúa con inteligencia y voluntad política,no todo está perdido en el Esequibo. La oportunidad para cambiar el curso está ahí, ¿será aprovechada o dejarán que la soberanía venezolana se diluya por errores y ausencia de estrategia?