El desfile de la Victoria sin tanques: la derrota rusa que nadie admite

Un desfile sin tanques en la Plaza Roja: ¿qué está pasando en Rusia?

Este 9 de mayo, día más importante para el Kremlin, no hay tanques ni misiles en el Desfile de la Victoria. Solo soldados marchando. Por primera vez en casi 20 años, la maquinaria de guerra rusa se queda fuera del escenario principal.

Lo que el Kremlin no dice pero muestra

El motivo oficial es la «amenaza terrorista» y el riesgo de ataques ucranianos con drones y misiles en Moscú. Pero la verdadera razón es otra: los tanques están en el frente, porque allí Rusia no puede avanzar. El conflicto con Ucrania entra en su quinto año sin una victoria clara ni un desenlace favorable para Moscú.

El diputado ruso Yevgeny Popov admite que esos vehículos imprescindibles están «combatiendo, no exhibiéndose». ¿Qué mensaje envía esto? Que la guerra no solo no se gana, sino que ha obligado a recortar la imagen pública de fuerza que Putin quería mostrar en el símbolo nacional por excelencia.

Una amenaza que golpea hasta la capital

La reducción del desfile no es solo un tema de propaganda, es consecuencia directa de los ataques ucranianos dentro del territorio ruso. En Cheboksary murieron civiles y Moscú fue objetivo de un dron penetrando a pocos kilómetros del Kremlin.

La sensación de vulnerabilidad en la Plaza Roja es inédita. Esto no es un accidente ni un escenario transitorio: indica un cambio estructural en la guerra y la capacidad defensiva rusa.

El desgaste silencioso del poder

Mientras tanto, la presencia pública de Putin en el rol de comandante en jefe se ha reducido y las encuestas oficiales muestran el desgaste de su apoyo. El año pasado, Putin aparecía seguro, vestido de militar, con un mensaje de confianza; hoy los desfiles recortados y apagones de internet para controlar a la población reflejan nerviosismo y pérdida de control.

El Kremlin sabe que la guerra ya no es un impulso nacional unificador sino un problema económico, social y de seguridad que empieza a afectar las bases mismas de su poder.

¿Qué viene?

La ausencia de tanques en el desfile se traduce en un Kremlin obligado a admitir de facto que la «victoria» está lejos. La guerra continúa, pero la imagen de fuerza y avance se desmorona frente a la realidad del desgaste, la presión interior y los ataques directos.

Rusia podría enfrentar nuevas restricciones internas, mayor control autoritario y más esfuerzos por mantener la narrativa de un país de «vencedores», cuando en el terreno la derrota se vuelve cada vez más clara.

Lo que no se cuenta en Occidente es que la guerra en Ucrania ya llegó a la propia capital rusa, y ese cambio redefine todo el tablero político, económico y militar de la involucración rusa.

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