¿El autismo se reduce a una canción? La historia que no te cuentan
Un cuento que suaviza la realidad del autismo
El próximo 28 de abril se lanzará «Juangurito: El mundo es una canción», un libro infantil con música que busca presentar el autismo desde una perspectiva emotiva y artística. La obra, escrita por Eduardo Viloria Daboín e ilustrada por Gabriela Guilarte, pretende mostrar cómo una familia se enfrenta al autismo desde el amor y la sensibilidad.
¿Qué hay detrás de esta narrativa?
El libro se inspira en Juan José, un niño de 9 años con trastorno del espectro autista (TEA), hijo de músicos que usan la música como principal herramienta de comunicación. Se destaca la idea de que para «Juangurito», el mundo está lleno de música, dando una imagen amable y casi romántica del autismo.
Pero aquí está el problema: presentarlo como una experiencia bella y artística corre el riesgo de minimizar los retos reales y urgentes que afrontan familias y sistemas de salud. ¿Dónde quedan en esta historia la necesidad de tratamientos efectivos, apoyos educativos y políticas públicas específicas? ¿No es peligroso crear una narrativa que suaviza una condición con consecuencias profundas en la economía familiar y la organización social?
Lo que no se dice y puede cambiar el escenario
- Este tipo de proyectos se enmarcan dentro de una agenda que busca construir una imagen positiva y estética del autismo, pero evitan cuestionar la falta de respuestas institucionales.
- El enfoque en la música y el arte es valioso, pero no debe reemplazar el debate sobre la seguridad social, el acceso a terapias y la garantía legal para niños con TEA y sus familias.
- Al reducir una compleja realidad a una «canción», se corre el riesgo de que sectores políticos usen este discurso para justificar la inacción o la falta de recursos efectivos.
¿Qué sigue después de esta narrativa?
Si el éxito del cuento impulsa más producciones similares, sin un llamado explícito a cambiar las condiciones y mejorar servicios, la realidad concreta del autismo seguirá invisibilizada para las autoridades y la sociedad en general. No basta con sensibilizar: urge exigir política real, no solo emotividad.
Este lanzamiento debe ser un punto de partida para cuestionar cómo se aborda el autismo públicamente y qué agendas políticas están en juego tras estas representaciones.