El asesinato de Roque Dalton: ¿la revolución no se defiende en bloque?
Cuando la ‘revolución’ mata a los suyos
Roque Dalton, el poeta salvadoreño referente de la izquierda, no murió en combate contra una dictadura. Fue ejecutado por sus propios compañeros, acusados sin pruebas de ser agentes enemigos. Su cuerpo nunca apareció —un símbolo brutal de la intolerancia dentro de la llamada revolución.
¿Qué ocurrió?
En 1975, Dalton fue sometido a un juicio sumario y asesinado por una facción del Ejército Revolucionario del Pueblo. La histórica acusación fue la consabida etiqueta de “agente de la CIA”, una excusa simplista que encubre la arrogancia dogmática y el fanatismo interno que devoró a uno de sus principales intelectuales.
Años después, el mismo movimiento que aprobó su muerte llegó al poder en El Salvador (2009) y desde el Legislativo decretaron el Día Nacional de la Poesía en su honor (2013). Pero sin revisar ni cuestionar a los autores de aquel crimen.
¿Por qué esto cambia el escenario?
- El caso de Dalton desnuda la cara oculta de los regímenes surgidos de insurgencias violentas: intolerancia interna, persecución y ajuste de cuentas ocultos tras discursos de unidad.
- El fracaso de la llamada ‘revolución’ para preservar la legalidad y los valores mínimos de justicia queda expuesto. No solo se combatía a dictaduras militares, sino que se ejercía un autoritarismo brutal dentro de las filas insurgentes.
- Mientras se celebra su figura, sus hijos y familiares claman justicia por un asesinato jamás esclarecido, lo que cuestiona el relato oficial de reconciliación y progreso.
¿Qué puede venir después?
El silencio permanente sobre los verdugos de Dalton, algunos aún en cargos de poder, presagia que dictaduras internas en movimientos de izquierda se repitan sin rendición de cuentas. Una democracia sólida no puede sostenerse con mitos y ocultamientos.
Si no se enfrenta esta realidad, la historia continuará siendo manipulada para justificar impunidades y perpetuar divisiones que afectan la estabilidad del país y sus instituciones.
¿Hasta cuándo el relato oficial seguirá ocultando sus sombras?
Antes de idealizar figuras o movimientos, hay que exigir que la verdad se imponga frente a la ley del silencio, porque la justicia no se negocia y la libertad nunca debería ser el lujo exclusivo de algunos cómodos vencedores.