El arte no es lujo: es inversión y legado que pocos entienden
El arte no es un capricho, es una responsabilidad histórica
Beatriz Sogbe, ingeniero civil y paisajista, revela una verdad incómoda: el arte no es para todos, ni es solo una cuestión de emoción o capricho. Es un sistema complejo donde la solvencia económica, la disciplina y la conciencia patrimonial determinan su valor real.
¿Qué ocurrió?
En su libro Tras la obra maestra (2025), Sogbe desmonta la narrativa progresista que reduce el arte a un lujo emocional sin consecuencias. El coleccionista, casi invisible en la conversación pública, emerge como la pieza clave de un ecosistema que va desde el taller del artista hasta las casas de subastas. Sin coleccionistas sólidos, no hay mercado, conservación ni legado.
¿Por qué esto cambia el escenario?
La realidad venezolana golpea duro: se ha destruido un patrimonio arquitectónico invaluable por ignorancia y falta de cultura de preservación. El olvido del pasado no solo empobrece la memoria visual, sino que erosiona la identidad y dinámica económica del país.
Además, el auge digital con los NFTs y subastas en línea no reemplaza el contacto físico ni la autenticidad que sostiene el valor verdadero del arte. La tendencia actual es un espejismo tecnológico que amenaza con diluir el «aura» fundamental del objeto artístico.
¿Qué viene después?
- Una necesaria reforma que promueva incentivos fiscales para coleccionistas y rescate patrimonial.
- El regreso a la apuesta por espacios habitables integrados al arte, como un reflejo de cultura y confort real, no solo de lujo efímero.
- La urgente educación del ojo crítico y la inversión responsable: el mejor descuento es la mejor pieza, y esa pieza es siempre la primera en venderse.
El arte en Venezuela no puede seguir siendo un lujo de pocos ni un pasatiempo vacío. Es un asunto de seguridad cultural, institucional y económica que exige un cambio de enfoque sin censuras ni sentimentalismos.