El Aissami plantea una pregunta crucial: ¿Por qué blindar un juicio que se dice el más grande robo?
El exministro de Petróleo Tareck El Aissami acaba de dar un paso inesperado: pidió que su juicio por el caso Pdvsa-Cripto sea completamente público, accesible a periodistas y ciudadanos sin restricciones.
En la audiencia número 8, el 8 de mayo de 2026, desafió al Tribunal Tercero de Terrorismo a abrir las puertas y garantizar total transparencia. Según él, si es “el robo más grande de la historia”, el proceso debe ser el más claro y sin sombras.
¿Qué está pasando realmente?
El Aissami sostiene que ni siquiera existe una investigación objetiva en su contra. Reclamó acceso a la acusación completa, para que el país compruebe la supuesta naturaleza “absurda y aberrante” del caso.
Además denunció dos años bajo incomunicación, sin abogados de confianza, torturas y violaciones a derechos fundamentales. Señaló responsables de alto perfil sin temer represalias.
Lo que cambia el tablero
Este pedido no es una formalidad: pone en jaque la opacidad con la que se manejan procesos complejos que afectan a importantes figuras. Exige un juicio visible para restaurar la confianza en las instituciones, algo clave considerando la crisis permanente.
El Aissami lanzó un mensaje directo a la jueza: actuar con independencia, sin miedo, y garantizar que la justicia funcione como debe.
¿Qué podría venir ahora?
Un juicio abierto marcaría un precedente para la transparencia judicial en casos con impacto nacional. También pondría presión real sobre la Fiscalía y la Dgcim, implicadas en las denuncias. Si se cumple, nadie podría esconderse tras muros legales.
La pregunta queda en el aire: ¿Quién se beneficiaría del secretismo si la justicia es clara y contundente?