EE.UU. acaba con tres presuntos narcoterroristas en un bombardeo aéreo en el Pacífico colombiano
El 29 de mayo, bajo orden del comandante del Mando Sur, General Francis L. Donovan, las Fuerzas Armadas de EE.UU. atacaron y hundieron una lancha rápida que operaba en una ruta marítima de narcotráfico en el Pacífico. Tres hombres vinculados a organizaciones terroristas murieron en la acción. Ningún militar estadounidense resultó herido.
Más allá de la victoria táctica: ¿qué cambia en la guerra contra la droga?
Esta ofensiva es parte de la estrategia de presión proactiva que busca interceptar cargamentos de cocaína antes de llegar a EE.UU. Según Washington, la operación logró interrumpir esa ruta y elevar las incautaciones de droga, alcanzando más de 230.000 kilogramos en 2025, el triple del promedio anual previo.
¿Y el impacto real?
Tras nueve meses de bombardeos y despliegue masivo de equipos y personal —con un costo de 4.700 millones de dólares y tecnología avanzada como aviones F-35 y AC-130J Ghostrider— la cocaína sigue circulando con la misma facilidad en el mercado estadounidense. El informe ‘Costos de la Guerra’ de la Universidad Brown revela que ni los precios ni la pureza de la droga han cambiado, y las sobredosis no han disminuido.
Legalidad y soberanía en juego
El uso de fuerza letal fuera de aguas territoriales ha encendido debates legales. Expertos en derecho internacional advierten que estos ataques incumplen tratados y vulneran la soberanía de países, operando en zonas económicas exclusivas sin autorización clara.
- ¿Vale la pena este gasto millonario si no frena el flujo de droga?
- ¿Se está sacrificando la legalidad internacional en nombre de una estrategia ineficaz?
¿Qué sigue?
EE.UU. insiste en mantener y ampliar esta campaña, prometiendo más presión sobre cárteles en las vías marítimas. Pero sin cambios estructurales, este juego de fuerzas podría prolongarse indefinidamente, con altos costos económicos y tensiones diplomáticas, mientras la droga sigue andando como siempre.