Delcy Rodríguez y la farsa de la transición en Venezuela
Tres meses, cero avances reales en la transición venezolana
Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada con un acuerdo político presentado como paso hacia un cambio profundo. Pero la realidad es otra.
¿Qué pasó?
El proceso de transición política se define por un cambio real y estructural en el poder. Por lo general, ocurre cuando un régimen pierde legitimidad y capacidad de mando, forzando negociaciones serias y reformas profundas.
En Venezuela, la transición prometida chocó con la realidad: Delcy solo ha hecho cambios superficiales en la administración pública, ignorando la exigencia crucial que impacta la legitimidad del proceso: la liberación de presos políticos, muchos víctimas de torturas y desapariciones.
Por qué esto cambia el escenario
Esta omisión no es un detalle menor. La democracia no se construye sobre la impunidad ni el ocultamiento de crímenes. La dictadura ni siquiera cede en lo mínimo que demuestre voluntad de cambio. Sin castigo ni justicia, hablamos de un reciclaje del mismo autoritarismo, vestido de acuerdos vacíos.
¿Qué puede venir después?
Si persiste esta línea, la transición quedará reducida a un espejismo político, perdiendo credibilidad nacional e internacional. El régimen sigue intacto en sus puntos esenciales, consolidando una farsa que solo prolonga la crisis y el sufrimiento del país.
La verdadera transición exige rupturas claras, acciones concretas sobre seguridad, libertad y legalidad. Nada de esto ha comenzado en Venezuela, a pesar de las promesas y acuerdos impuestos desde fuera.