Cuando un curandero dominó la medicina oficial en Venezuela

El ascenso inesperado del «curandero» que gobernó la medicina oficial

En la Venezuela del siglo XIX, la medicina científica luchaba por imponerse, pero la realidad era otra: la mayor parte del país confiaba en curanderos y yerbateros.

Entre todos, Telmo Romero sobresalió. Sin formación científica sólida, llegó a la cima gracias a un beneficio político muy claro: la confianza del presidente Joaquín Crespo tras salvar a su hijo enfermo.

Romero pasó de sanador popular a director de los principales centros médicos, desde el Lazareto de Caracas hasta el Manicomio de Los Teques. Sus métodos, cuestionados y poco probados —clavar agujas en cráneos, por ejemplo— se aplicaron bajo su mando oficial.

Respaldo político vs. conocimiento médico. Este es el choque que pocos recuerdan. Cuando Crespo desapareció del poder, Romero también cayó en el olvido, muriendo de tuberculosis sin poder sostener su prestigio.

¿Por qué esto importa hoy?

El episodio muestra un riesgo latente: cuando la política decide quién manda en la ciencia, el avance real y la seguridad de instituciones esenciales quedan en peligro. No es solo historia; es una alerta para tiempos donde lo político puede torcer criterios técnicos, con consecuencias graves para la salud pública y la legitimidad de las instituciones.

Lo que podría venir

Si se repiten errores donde decisiones médicas se subordinan a favores o agendas, la confianza social en los sistemas públicos caerá, y con ella la efectividad en la gestión sanitaria y legal.

Recordar casos como el de Telmo Romero es vital para evitar que tendencias similares pongan en riesgo sectores clave que afectan directamente a la economía, la seguridad y la estabilidad institucional.

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