Cómo la FIFA avaló un Mundial manchado de represiones y corrupción

Un Mundial que nadie debería celebrar

La FIFA entregó la sede de 1978 a Argentina justo cuando un golpe militar llevaba una dictadura sangrienta al poder. Una elección que marcó un antes y un después.

¿Qué ocurrió realmente?

En 1966, Paraguay entregó el Mundial de 1978 a Argentina, gobernada entonces por Onganía tras un golpe. Pero para el torneo, un nuevo golpe había instaurado una junta militar encabezada por Videla, respaldada por intereses internacionales como la Administración Kissinger.

La dictadura eliminó la democracia, persiguió opositores, secuestró y torturó mientras la FIFA hacía la vista gorda justificando que el fútbol debía estar “al margen de la política”.

Una manipulación con consecuencias reales

El régimen argentino usó el Mundial como propaganda, invirtiendo más de 500 millones de dólares para ostentar un país que en realidad estaba bajo represión y crisis. Mientras los estadios vibraban con goles y festejos, cientos de ciudadanos eran desaparecidos y torturados.

Jugadores y equipos internacionales protestaron, pero la mayoría aceptó el show que blanqueó la dictadura.

¿Qué nos dice esto hoy?

Este caso revela una realidad inquietante: las instituciones deportivas pueden ser cómplices cuando ignoran abusos y violaciones a cambio de beneficios económicos y políticos.

¿Cuántas veces la política real se esconde detrás del deporte para disfrazar gobiernos autoritarios o agendas dudosas? Ignorarlo tiene consecuencias en la integridad de nuestras instituciones y en la memoria histórica.

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