Colombia volvió al miedo: la violencia que define unas elecciones de ruptura
El atentado que reabrió heridas y cambió la campaña
Cuando atacaron al joven precandidato Miguel Uribe Turbay, de 39 años, Colombia sintió que volvía al pasado oscuro de los 80 y 90.
Su asesinato, dos meses después, fue una sacudida inédita que expone una realidad ignorada: la violencia no desapareció, solo cambió de forma y sigue marcando la política.
Un acuerdo de paz que no logró la paz
El pacto con las FARC en 2016 significó un avance, pero la paz fue efímera. El fenómeno cambió de rostro y se fragmentó en mil grupos armados sin causa política clara, que dominan territorios estratégicos con acciones criminales.
El llamado “Paz Total” de Gustavo Petro no resolvió nada; al contrario, reforzó la presencia de bandas como el Clan del Golfo, que duplicó sus miembros en pocos años.
Violencia empresarial que no cesa y una campaña dominada por el miedo
La inseguridad es el tema que condiciona más que las propuestas. Candidatos amenazados, grupos ilegales condicionando votos y un miedo colectivo que empuja a posturas extremas sin soluciones reales.
El electorado busca seguridad pero no confía en ninguno: el continuismo de la izquierda, la vieja política uribista o la mano dura populista. Nada nuevo, solo viejas recetas que ya fracasaron.
¿Qué viene?
Colombia camina a elecciones con una violencia “mexicanizada”, donde no hay claridad entre bandas criminales y grupos políticos armados. La falta de una estrategia de seguridad coherente y el desgaste institucional auguran más episodios de violencia electoral y social.
El voto será un reflejo del miedo, no de la razón. No cambiarán las causas ni la inseguridad, solo la narrativa que ciertos sectores querrán usar para justificar sus próximas decisiones.