Colombia al borde: la violencia real que define unas elecciones cruciales
Violencia y control territorial dominan elecciones presidenciales
Colombia enfrenta unas elecciones decisivas en medio de un rebrote brutal de violencia. Abelardo de la Espriella, conservador respaldado por Donald Trump, lidera frente al senador Iván Cepeda, promotor de una dudosa estrategia de negociación con grupos armados.
El verdadero escenario: expansión de grupos ilegales
Desde el acuerdo de 2016 con las FARC y bajo gobiernos conservadores, los grupos armados no solo han resurgido, sino que han duplicado sus miembros. Facciones disidentes de las FARC, el ELN y el Clan del Golfo consolidan zonas clave para tráfico ilegal y minería. Esto ha provocado desplazamientos masivos y una inseguridad que avanza sin freno.
Dos caminos con consecuencias irreversibles
- De la Espriella: propone mano dura, 10 megaprisiones y cero negociaciones. Su promesa: eliminar a quienes no se rindan. Promete apoyo total de EE.UU. y un cambio radical en seguridad.
- Cepeda: apuesta por continuar con la estrategia de «paz total» basada en diálogo y programas sociales. Sin embargo, esa vía ya mostró sus límites, mientras la violencia sigue creciendo.
¿Por qué esto cambia el tablero político?
El aumento del desplazamiento forzado en un 300% en solo un año refleja el fracaso evidente de la estrategia oficial. El vacío dejado por la desmovilización de las FARC fue aprovechado por grupos armados para expandir su influencia. La inseguridad y la falta de presencia estatal en zonas rurales son ahora el principal problema para millones de colombianos.
¿Qué viene después?
Si gana De la Espriella, Colombia enfrentará una ofensiva militar sin concesiones y un mayor alineamiento con EE.UU. La represión será la regla, en un intento por frenar el crecimiento de grupos criminales. Si Cepeda avanza, persistirá una política basada en negociaciones con grupos armados, con el riesgo de que la inseguridad siga deteriorando la vida cotidiana y la economía.
Estas elecciones no solo decidirán quién lidera Colombia, sino si el país opta por enfrentar la violencia con firmeza real o mantiene un modelo que la ha incrementado y profundizado. Lo que está en juego es la seguridad, la legalidad y la capacidad del Estado para recuperar el control del territorio.