Cocinas en emergencia: la verdadera crisis oculta tras el terremoto en Venezuela

El fuego que no apagan ni las omisiones oficiales

Desde el 24 de junio, en La Guaira, un fuego no se detiene: las ollas de World Central Kitchen (WCK) preparan hasta 50,000 raciones diarias para alimentar a los afectados por el terremoto. No es solo una cocina, es la respuesta que el Estado no puede garantizar.

Una operación que desmiente el caos oficial

En medio de calles destruidas y zonas aún en riesgo, con maquinaria pesada intentando contener el desastre, un equipo de 120 personas, en su mayoría locales, mantiene viva la alimentación masiva desde el Club Puerto Azul en Naiguatá. Son jornadas intensas con ollas industriales que nunca se apagan, coordinar 80 vehículos y 60 puntos de distribución, una logística que rompe con la ineficiencia habitual.

¿Por qué esto cambia el escenario?

Este despliegue, con insumos absolutamente locales, también sostiene una economía venezolana en colapso. El modelo de WCK evita depender de instituciones estatales y de financiamiento político, ofreciendo una estructura autónoma que no espera permisos gubernamentales para actuar. Así evidencian la ausencia del Estado en un tema tan básico como alimentar a quienes lo perdieron todo.

¿Qué viene después?

WCK anuncia que reducirá comidas conforme mejore la situación, pero la verdadera pregunta es cuánto tiempo podrá sostenerse esta red si el Estado sigue alejándose de su obligación principal. La capacitación local deja un legado, sí. Pero sin un soporte institucional, cualquier nuevo desastre encontrará nuevamente un vacío de poder.

El dato que nadie menciona: más que una labor humanitaria, esta cocina es un termómetro claro de abandono estatal y un llamado urgente para replantear prioridades si Venezuela quiere salir del agujero. ¿Quién responderá cuando estas ollas se apaguen?

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