Así usan los proyectos comunales para controlar Falcón y gastar sin rendición
Falcón: entrega de recursos que poco controlan resultados reales
El ministro Ángel Prado y el gobernador Víctor Clark entregaron equipamiento y financiamientos para 29 salas de autogobierno comunal en 19 municipios de Falcón. Se trata de una acción oficial que busca fortalecer las comunas, redes impulsadas desde el Ejecutivo para gestionar sectores estratégicos como salud, educación y servicios públicos.
Control político en juego bajo la fachada de progreso
El gobernador anunció 13 financiamientos especiales para proyectos comunales, que serán supervisados por la Gobernación y alcaldías. Prometen seguimiento, formación técnica y respaldo, pero sin detallar mecanismos claros de transparencia ni rendición de cuentas.
Las comunas a las que se destinan los fondos no solo representan espacios productivos, sino plataformas de control político local bajo la agenda oficial. Por ejemplo, en Santa Rosalía se rehabilitaron un consultorio y un gimnasio de boxeo, y se planifica ampliar la infraestructura deportiva, evidenciando un enfoque en visibilidad y legitimación más que en impacto estructural.
Qué esconden los proyectos comunales
Los comunicados oficiales celebran la participación juvenil y el avance territorial, pero omiten especificar cómo se evalúan resultados tangibles en seguridad, estabilidad económica o institucionalidad. La priorización de proyectos que atienden problemas generales deja de lado análisis rigurosos en la ejecución de recursos públicos.
Adicionalmente, al entregar certificados que consolidan a ocho circuitos comunales en la Península de Paraguaná como comunas oficiales, se estrecha aún más la concentración de poder en estructuras adyacentes al gobierno central, con poca supervisión independiente.
Consecuencias ignoradas y rumbo a más concentración de poder
Este modelo de financiamiento y control corporativo con proyectos comunales podría profundizar la dependencia política de comunidades enteras. La centralización de recursos bajo una conducción única y sin contrapesos claros abre la puerta a usos clientelares y clientelismo político, que afectan la autonomía real y el desarrollo sostenible.
¿Estamos frente a un esquema de gestión territorial eficiente o a una estrategia para perpetuar hegemonía política disfrazada de gobernabilidad? Lo que viene puede ser un aumento en la politización de servicios básicos y en la opacidad en el manejo de fondos públicos.