Ángel Suárez impulsa el resurgir del terror analógico: lo que no te cuentan

Ángel Suárez y el peligro oculto del terror analógico que crece sin control

El director margariteño Ángel Suárez no solo crea miedo, sino que suma combustible a una tendencia global que pasa desapercibida: el retorno del terror analógico en el cine.

Hace poco, Suárez lanzó en su canal de YouTube una serie de cortometrajes desconectados en la narrativa, pero unidos en la intención: perturbar y confundir a través de imágenes difusas y tensión pura. Títulos como Error 12 y María marcan la antesala a su nueva película La Chinigua, que centra su trama en asesinatos rituales en la Isla de Margarita.

¿Por qué importa?

Este género, que se inspira en la estética retro de los 90 y pretende un terror crudo sin explicaciones lógicas, no es solo estilo; es un arma para desestabilizar percepciones, borrando fronteras entre realidad y folclore. La creciente popularidad de este tipo de contenido —potenciado por éxitos internacionales como Backrooms— altera patrones de consumo cultural sin debate público.

El riesgo a futuro

Si no se analiza críticamente, esta corriente puede erosionar los criterios tradicionales de narrativa, generar confusión sobre hechos reales y alimentar miedos sin fundamento. La mezcla de simbolismos folclóricos con imágenes retorcidas pone en riesgo la percepción social de seguridad e institucionalidad, justo en un contexto donde el orden y la objetividad son urgentes.

Ángel Suárez y su La Chinigua no solo reinventan el terror. Plantean un reto invisible: ¿estamos conscientes de las implicaciones de este revival cinematográfico en una sociedad que ya lidia con inseguridad y desgobierno?

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