Agua en Venezuela: ¿Por qué seguimos esperando lo básico cada semana?
Agua: un bien escaso y mal gestionado que golpea a todos
En Venezuela, esperar que llegue el agua es parte de la rutina. No se trata de una falla ocasional, sino de un problema estructural. Comercios, hospitales y familias conviven con cortes severos e interrupciones que dañan la economía y la salud pública.
El caso común: Coro y su crisis invisible
Luis, dueño de dos restaurantes en Coro, estado Falcón, recibe agua por tubería dos veces a la semana, cuatro horas cada vez. Esto le obliga a invertir en tanques y bombas eléctricas para acumular hasta 6.000 litros semanales. Con los recurrentes apagones, el riesgo de quedarse sin agua crece y las compras de camiones cisterna, a 15 dólares por 4.000 litros, se vuelven moneda corriente.
Además, el agua que llega es turbia y llena de sedimentos, otro problema que el Estado no ha resuelto, producto del abandono en mantenimiento y equipos anticuados.
La población común sufre igual o peor
Delia, ciudadana de Coro, debe estar alerta toda la noche para aprovechar la llegada del agua. Puede pasar hasta dos semanas sin nada. En esas circunstancias, almacenar agua en cualquier recipiente es condición para cocinar y satisfacer necesidades básicas.
Ni Caracas está exenta
Contrario a la creencia popular, la capital tampoco goza de servicio continuo. En La Florida, Mariana, con su panadería, recibe agua entre tres y cuatro veces por semana. En barrios vecinos la crisis es peor, con cortes no anunciados que duran hasta tres días. En zonas emblemáticas cerca de Petróleos de Venezuela, el agua sólo aparece por minutos en la mañana y noche.
La encuesta que confirma el desplome
Según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2025), solo el 29% de la población recibe agua todos los días; la mayoría la recibe varios días a la semana o incluso una vez cada siete días. Esto afecta la cotidianidad escolar, la operación hospitalaria y la vida diaria de millones.
Un problema institucional, no técnico
José María De Viana, ex presidente de Hidrocapital, señala que el sistema hídrico dejó de ser un tema menor para convertirse en la crisis principal del país. La infraestructura existe pero está abandonada. El Estado parece haber renunciado a repararla y mantenerla.
Una inversión estimada en 3.000 millones de dólares devolvería calidad y continuidad al servicio. Sin embargo, persisten errores de gestión y una falta de liderazgo que perpetúan la escasez.
¿Qué viene después?
Si el Estado no cambia su gestión y política, la crisis del agua empeorará. La falta de agua afecta la economía, la salud y la seguridad ciudadana. La solución pasa por modernizar equipos, descentralizar el servicio e involucrar actores privados que aporten eficiencia y cultura de pago.
Mientras tanto, millones seguirán dependientes de tanques, camiones cisterna caros y horarios impredecibles. La pregunta es: ¿cuándo dejarán las autoridades de tratar este problema como una cuestión menor y lo resolverán de verdad?