A dos semanas del terremoto, el Estado sigue ausente mientras familiares claman por respuestas

Dos semanas tras el sismo y la desesperación crece en Ruinas y Refugios

Mientras en Tanaguarena familiares no cesan de excavar en busca de cuerpos, a solo kilómetros, negocios empiezan a reabrir. La realidad es una: el Estado es lento y descoordinado. La gente que perdió todo espera respuestas y protección en refugios improvisados, pero la ayuda oficial no llega con la rapidez ni la logística requerida.

Un drama humano en un escenario sin certezas

Ángela Luciani abandonó su trabajo de enfermera para buscar a su hija, nietos y esposo entre los escombros. Atiende a otros agotados buscadores, porque sabe que la emergencia es real. Su demandada es más que emocional: “Los queremos vivos o muertos, pero los queremos”. Sin esta certeza, el duelo no empieza.

Denuncia que la ayuda oficial ha sido intermitente, mayormente aportada por delegaciones extranjeras. Mientras, en las ruinas, unas pocas personas imponen control sobre quién sube para excavar. Familias reclaman equidad: “Deberían sacarlos a todos, no solo a los que ellos elijan”.

La opacidad oficial profundiza la crisis

El protocolo activado el 8 de julio tras señales de vida no incluyó comunicación efectiva con familiares. No se informó por qué se paralizaban las tareas o por cuánto. La falta de transparencia alimenta la incertidumbre y la desconfianza en una respuesta estatal ya cuestionada.

Ronald Orozco y otros familiares trabajan con herramientas prestadas, sin las máquinas ni recursos necesarios para avanzar. Tras el día 12, voluntarios y apoyo logístico disminuyeron, según denuncian los propios afectados.

El rescate se convierte en una batalla desigual

En varios puntos como OPP 22, 26, Callao y Tahití se realizan llamados y escuchas desesperadas. El milagro de encontrar vida a estas alturas parece una hazaña, pero la esperanza no muere. En paralelo, familiares peregrinan a morgues improvisadas, enfrentando procesos forenses crudos para identificar cuerpos que muchos esperan no encontrar.

Lo que no dicen: el Estado divide y deja a su gente atrás

Mientras unos siguen buscando, otros reconstruyen sus negocios. La tragedia ha creado una geografía desigual donde la presencia del Estado brilla por su ausencia en la emergencia más urgente. La tardanza y desorganización en la atención a los afectados evidencian un grave problema institucional que pone en riesgo vidas y la posibilidad de cerrar un capítulo tan doloroso como necesario.

¿Qué viene?

Si el Estado no mejora su respuesta y asume las responsabilidades que el desastre exige, la crisis humanitaria y social seguirá creciendo. La desconfianza y el reclamo creciente podrían derivar en conflictos sociales, desgastando aún más la frágil institucionalidad. La prioridad debe ser acelerar la búsqueda, garantizar recursos y transparencia en cada paso.

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