¿Repetimos el desastre venezolano? La alerta que nadie quiere oír en Colombia
Un déjà vu preocupante
La campaña electoral actual en Colombia es un espejo del desastre venezolano de 1998. Entonces, grupos con agendas políticas divisorias explotaron la indignación popular y la desconexión política para imponer un régimen antidemocrático. Hoy, vemos el mismo patrón repetirse.
¿Qué pasó en Venezuela?
La corrupción no era el principal problema, sino la desidia del establishment para defender la democracia. Líderes tradicionales que debieron frenar a Chávez prefirieron ignorar la amenaza, algunos incluso lo apoyaron, entregando el país al socialismo del siglo XXI tras años de lucha contra la democracia. La coalición que permitió ese golpe fue una alianza de intereses personales y oportunismos políticos, y la falta de reacción a tiempo selló la tragedia.
¿Qué sucede en Colombia?
El gobierno Petro avanza en destruir instituciones clave, incluida la fuerza pública, y arruina la economía con políticas que empobrecen al país y generan dependencia estatal. La corrupción se agrava y la división entre partidos democráticos persiste. La desunión y la indiferencia del establishment permiten que el socialismo autoritario extienda su influencia sin freno real.
Una estrategia camuflada
Frente al rechazo al socialismo abierto, movimientos y grupos asociados al Foro de Sao Paulo despliegan el conocido método del «caballo de Troya»: infiltran sectores aparentemente opositores para dividir y controlar la batalla política. Abelardo de la Espriella, abogado de un testaferro de Maduro, es el ejemplo más visible en Colombia. Su posición y el silencio sobre su vinculación ilustran un juego peligroso que la opinión pública aún no ha dimensionado.
¿Qué puede pasar ahora?
Sin un frente unido que enfrente de manera contundente esta amenaza, Colombia corre el riesgo de caer en la misma trampa que Venezuela: una democracia secuestrada desde adentro por quienes prometen cambio pero buscan desmantelarla. La división interna y la falta de liderazgo claro abren el camino a una consolidación del socialismo radical. La próxima elección no es un trámite, es la encrucijada que definirá el futuro institucional y económico del país.
¿Está Colombia condenada a repetir una historia que ya conocemos? La única salvación está en la unidad, la defensa de las instituciones y un liderazgo que articule a los indecisos antes de que sea demasiado tarde.