Venezuela bajo control de EE.UU.: El giro que nadie anticipó en América Latina
Esto no te lo están contando: Venezuela ya no es soberana
El 3 de enero de 2026, Nicolás Maduro y su esposa fueron capturados. Sin golpes militares ni invasiones, pero con un impacto histórico: el fin del “socialismo bolivariano”.
Venezuela no ha sido ocupada, pero está bajo control directo desde Washington. Las instituciones democráticas casi no funcionan, aunque más del 90% de los venezolanos reclama condiciones normales.
Donald Trump anunció que las autoridades previas se mantendrán para garantizar las órdenes estadounidenses. Marcos Rubio, encargado de la transición, dio el plan: “estabilización, recuperación y transición” con un protectorado. Un modelo prohibido por la ONU que aquí se impone sin consulta popular.
Este giro altera todo en América Latina
Mientras China y Rusia reforzaron su influencia en la región sin respuesta firme de EE.UU., la captura de Maduro marca una estrategia clara: recuperar control directo y limitar la expansión de proyectos alternativos.
La larga era del “socialismo del siglo XXI”, fracasada en mejorar economías y desgastada por corrupción, toca fondo. Países que hace poco eran aliados, como Paraguay, Perú, Ecuador, Argentina y Bolivia, abandonaron esas líneas políticas en elecciones. Cuba y Nicaragua permanecen, con apoyo limitado de México, Brasil y Colombia.
Es un nuevo escenario donde la democracia liberal, aunque debilitada y cuestionada, recupera terreno frente a regímenes autoritarios disfrazados de populismo.
¿Qué esperar ahora?
- La recuperación económica y la estabilidad institucional en Venezuela serán el primer test.
- Washington consolidará su liderazgo en el hemisferio, sin desentenderse de amenazas externas como la influencia china, iraní o turca, que crecieron en los últimos años.
- El desafío será contener la división social y evitar que viejas prácticas corruptas resurjan bajo nuevas caras.
El cambio es profundo. América Latina enfrenta una redefinición en sus alianzas y modelos de poder. Pero esta vez, la agenda política viene desde fuera —y no desde las urnas.