Terremotos en Venezuela: Una generación de niños peloteros desaparecidos y el futuro en ruinas

¿Qué está ocurriendo tras los terremotos en La Guaira?

El 24 de junio, dos terremotos de alta magnitud devastaron La Guaira, dejando un saldo oficial de más de 4.500 muertos y miles de heridos. Pero detrás de las cifras oficiales hay una crisis que poco se menciona: la tragedia en el semillero del béisbol infantil, la escuela Criollitos de Venezuela.

La desaparición de cientos de niños que conformaban el futuro deportivo y social

Criollitos, con seis décadas formando jóvenes peloteros y más de 40.000 niños inscritos antes de la pandemia, perdió decenas –quizá más de un centenar– de niños entre fallecidos y desaparecidos, en su mayoría de 4 y 5 años, según sus directivos. Estos niños no estaban en actividad por ser feriado, pero quedaron atrapados entre escombros, víctimas de un desastre que golpeó a una institución clave para la formación ciudadana más allá del deporte.

Por qué esto cambia las reglas del juego en Venezuela

No es solo una tragedia humana. La destrucción del principal semillero evidencia la fragilidad de las estructuras sociales que acompañan a Venezuela, donde el deporte formaba parte de una esperanza para evitar la delincuencia y fomentar ciudadanía. Con dirigentes y entrenadores igualmente afectados – algunos muertos, otros sin hogar– se evidencia un golpe directo a las instituciones que aún funcionaban en medio del caos.

¿Qué escenario viene para La Guaira y su gente?

Los campos de juego sirven ahora como refugios improvisados. Muchos habitantes piensan en abandonar la zona. La recuperación será lenta y desigual. Sin un plan claro para reconstruir las bases que sostenían a miles de niños, la posibilidad de que la zona pierda su identidad deportiva y social es real. La pregunta: ¿quién asumirá la responsabilidad de proteger el futuro de estos niños cuando las autoridades no rinden cuentas sobre los damnificados ni ofrecen transparencia en los datos?

Mientras tanto, la comunidad internacional sigue sin un llamado firme que ponga la crisis social y deportiva de La Guaira en la agenda real. Las generaciones perdidas no pueden ser solo un número más en un reporte oficial; son la base de la regeneración que Venezuela necesita.

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