El Capillerismo: El Cáncer Silencioso que Destroza al Estado

El Capillerismo: el problema oculto que destruye la institucionalidad

En 1917, Salvador de la Plaza llamó la atención sobre un mal que sigue vigente: el capillerismo. Un sistema donde las decisiones y comportamientos dependen del favoritismo, el amiguismo y el miedo a ciertos «actores» locales más que a la ley o a la ética.

Este fenómeno nace en la vida cerrada de pequeñas comunidades y se reproduce en las estructuras de poder, donde el «miedo al doctor X» sustituye la justicia y la moral auténtica. El resultado es claro: corrupción, nepotismo y redes informales que bloquean el desarrollo institucional y la confianza social.

¿Por qué importa ahora?

A pesar de los siglos, el capillerismo sigue siendo la raíz invisible de los males que hoy afectan la gobernabilidad y la seguridad en Venezuela. Más allá de debates ideológicos, esta red de personalismo y clientelismo mantiene al Estado secuestrado, imposibilitando reformas reales y justicia plena.

Lo alarmante es que, casi 100 años después, ni movimientos políticos ni gobiernos han logrado erradicarlo. El propio Hugo Chávez reconoció en 2008 la necesidad de cambiar la conciencia social, aunque sin resultados sustanciales.

¿Qué sigue si no se enfrenta este problema?

  • Sigue el estancamiento institucional y la fuga de talentos.
  • Se profundizan la corrupción y la impunidad.
  • Se diluye la legitimidad de las instituciones, afectando la seguridad y la economía.

El capillerismo no es solo un problema histórico ni una expresión cultural inofensiva. Es la base del colapso del Estado de derecho y la raíz oculta detrás de muchos de los problemas que parecen imposibles de resolver.

¿Estamos dispuestos a enfrentar esta realidad para construir un país con verdaderas instituciones?

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