Escasez y promesas: la realidad oculta del gas en Venezuela
En pleno apagón diario y racionamiento eléctrico, millones de venezolanos no consiguen ni bombonas de gas para cocinar. Sin embargo, desde el gobierno interino de Delcy Rodríguez vuelven a anunciar magnos proyectos para explotar las vastas reservas naturales de gas, con alianzas estratégicas que involucran a gigantes petroleros internacionales.
¿Una bonanza segura o repetición del pasado?
Venezuela presume las octavas más grandes reservas de gas natural en América del Sur, pero esta riqueza nunca ha sido convertida en bienestar real para su población. La mayor parte del gas está atado a la producción petrolera y gran parte se desperdicia, mientras las plantas eléctricas siguen paralizadas.
Los acuerdos recientes con empresas como Shell, Eni y Repsol parecen una reedición de viejos planes que, aunque podrían tardar años en concretarse, demuestran una falta estructural grave: la ausencia de inversión real y una institucionalidad sólida.
¿Qué cambia realmente en el tablero energético?
- Los anuncios dependen de flujos de capital que aún no aparecen y un mercado fluctuante, condicionado por factores geopolíticos.
- Trinidad y Tobago, vecino con infraestructura avanzada, será el primero en aprovechar el gas venezolano, mientras Venezuela sigue sin plantas operativas para procesar su propio recurso.
- La generación eléctrica desde gas natural se ha hundido junto con la economía: de 31.000 a menos de 4.000 GWh en seis años.
- El uso doméstico sigue limitado, con solo 7% de la población con acceso directo al gas; la mayoría depende de bombonas ineficientes y costosas.
¿La oportunidad fiscal o un nuevo ciclo de fracasos?
El atractivo fiscal y económico para el Estado es innegable: regalías e impuestos pueden reactivar las arcas públicas. Pero la pregunta clave es si estos proyectos podrán superar las barreras históricas de corrupción, ineficiencia y falta de capital.
La explotación gasífera en Venezuela no es una cuestión de recursos, sino de capacidad real para monetizarlos. Sin resolver la estructura institucional y de mercado, estas inversiones podrían quedar en un nuevo ciclo de promesas incumplidas.
Lo que viene: hacia dónde apuntan las piezas
Si los proyectos avanzan, Venezuela podría finalmente integrarse con el mercado mundial del gas natural licuado. Pero sin infraestructura propia ni un mercado interno funcional, la isla Trinidad y Tobago seguirá siendo el principal beneficiado inmediato.
A medio plazo, la estabilidad y el desarrollo económico dependerán de la capacidad del gobierno interino para atraer verdaderas inversiones y ordenar el sector energético. Mientras tanto, los venezolanos seguirán sufriendo apagones y falta de gas doméstico.
¿Estamos viendo la transformación energética venezolana o sólo un relato más de anuncios que esconden una crisis estructural profunda?