Rectificar no es derrota: La verdad que nadie quiere admitir
¿Por qué rectificar se convirtió en tabú político?
En política, admitir errores debería ser normal. Sin embargo, rectificar se ha transformado en un signo de debilidad o traición. Esto no solo es un error cultural, sino un peligro para cualquier sistema democrático.
¿Qué pasó?
Rectificar significa más que pedir perdón. Es reparar, modificar y ajustar para que un sistema recupere su eficacia. En contextos políticos complejos, la inacción es la que realmente destruye. Reconocer fallas pasadas no solo es sano, es imprescindible.
¿Por qué esto cambia el escenario?
Negar la necesidad de corrección perpetúa esquemas dañinos y paraliza cualquier intento de mejora. La política venezolana sigue cargando con un estigma que castiga a quienes muestran voluntad de cambio. Este enfoque solo beneficia a grupos que prefieren que las crisis continúen sin solución.
¿Qué sigue?
Si dejamos de estigmatizar la rectificación, abrimos paso a una convivencia democrática genuina que puede adaptarse a nuevas realidades. El desafío está en separar la rectificación sincera de las maniobras con agendas ocultas, para impulsar un sistema político más funcional y resistente a presiones externas.
No ajustar es el verdadero error. ¿Estamos dispuestos a romper el dilema?