Países Bajos y Suecia: el Mundial que nadie les reconoce, pero podría cambiarlo todo
Países Bajos: la espina de nunca tener la estrella
Países Bajos carga con una deuda histórica: tres finales de Mundial perdidas y ninguna estrella en el escudo. 1974, 1978 y 2010 son años que duelen. Pese a no ser favoritos evidentes en 2026, el equipo preparado por Ronald Koeman confía en que esta vez será diferente.
¿Por qué? Porque su plantilla combina experiencia de elite con talento joven. Virgil Van Dijk y Nathan Aké, paladines defensivos en Liverpool y Manchester City, forman la columna vertebral. Frenkie De Jong, cerca de 300 partidos con Barcelona, y Memphis Depay, goleador probado, sustentan el medio campo y ataque. A estos veteranos se suman promesas como Bart Verbruggen y Ryan Gravenberch, listos para dar el salto mundialista.
¿La clave para romper la maldición?
Koeman procura armonizar tradición y renovación en un equipo que puede sorprender. Un golpe de atención para la selección, ante un escenario donde nadie habla de ellos como campeones, pero que podrían cambiar el tablero.
Suecia: el rival histórico ignorado
Mientras los grandes titanes acaparan la atención, Suecia aparece como un competidor pasado por alto, pero con un historial sólido: subcampeón en 1958, tres veces en semifinales y con clasificaciones regulares a instancias decisivas. En 2026, el bajo perfil no refleja su potencial.
Con Viktor Gyökeres detonando en ataque, promediando 35 goles al año entre clubes y la selección, y los refuerzos de Alexander Isak y Anthony Elanga, Suecia podría desestabilizar la lógica establecida por los favoritos. La presencia de Graham Potter, entrenador inglés formado en suelo sueco que habla su idioma, añade un componente estratégico poco valorado.
¿Que nadie subestime a Suecia?
Su ascenso silencioso puede ser el factor disruptivo que nadie tiene en cuenta. En un Mundial donde se priorizan nombres rimbombantes, ellos podrían estar preparando la sorpresa.
Japón y Túnez: objetivos claros, escenarios complejos
Japón lleva décadas intentando superar su techo: nunca pasó de octavos. La selección de Hajime Moriyasu mezcla veteranía, como Nagatomo en su quinto Mundial a los 39 años, con jóvenes talentosos como Daichi Kamada y Wataru Endo. La meta: romper barreras y alcanzar cuartos.
Túnez, por su parte, busca finalmente superar la fase de grupos. Su plantilla joven y balanceada, con figuras como Montassar Talbi y Hannibal Mejbri, intenta que la repetición de presentaciones genere un salto cualitativo.
¿Por qué importa este grupo?
Porque estos equipos empujan una narrativa que los grandes medios ignoran: no solo se trata de los imbatibles, también de los que luchan por ascender, por desafiar statu quos, y cambiar la historia de sus países con consecuencias deportivas, económicas e institucionales locales. El Mundial 2026 no es solo para los favoritos de siempre.