El colapso de la Seguridad Social: la única salida que no quieren admitir
La Seguridad Social venezolana está colapsando
Isolde González, economista experta en Seguridad Social, lo dice sin rodeos: el sistema de reparto está implosionando y condena a los trabajadores a la precariedad total.
El modelo, vigente desde 1966, funcionaba porque un grupo amplio de trabajadores sostenía a los jubilados. Hoy, con menos del 1% de crecimiento poblacional, una tasa de fecundidad en caída libre y casi 10 millones de venezolanos emigrados, esa fórmula simple dejó de ser viable.
El trabajador sostiene una crisis que no creó
González denuncia que el sistema actual convierte al trabajador en el gran pagador de una crisis estructural, con un esquema retroactivo que no genera valor real para nadie.
Un ejemplo claro: las prestaciones sociales que crecen automáticamente con el salario mínimo se han convertido en una «espada de Damocles» para las empresas. Eso paraliza la economía y ahoga el empleo formal.
¿La clave? Un sistema de capitalización privada con control individual
La única solución real que plantea la economista es devolver al trabajador el derecho a decidir dónde quiere tener su dinero.
- Eliminar el absurdo del salario mínimo y reemplazarlo por un «salario óptimo» indexado a una Unidad de Valor, que proteja el poder adquisitivo.
- Crear un Bono de Reconocimiento Único Indexado para transformar las deudas laborales impagables en un activo tangible para el trabajador.
- Apoyar el sistema en la banca y las aseguradoras venezolanas, para blindar el capital de estatizaciones y expropiaciones.
- Convertir estos fondos en el motor real del mercado de capitales, democratizando la propiedad y reconectando al trabajador con la economía productiva.
Lo que viene después
Si no se adopta esta reforma urgente, la Seguridad Social seguirá deteriorándose, aumentando la precariedad y empujando más a la informalidad.
Pero si se avanza, se podrá transformar un sistema obsoleto en una red viable, donde cada ciudadano tenga una propiedad real y no una promesa vana que la inflación borra.
Esta no es una discusión técnica, es un cambio de paradigma que sectores políticos han evitado durante décadas, y que hoy ya no es opcional sino una cuestión de supervivencia social y económica.