Venezuela: El giro que exigen en política exterior y a quién no le interesa

¿Dónde está la estrategia real para recuperar la soberanía?

La Unión Europea llama a que Venezuela lidere su propio cambio político sin presiones externas. Pero la realidad es otra: la primera violación grave a esa soberanía sucedió el 3 de enero, cuando intereses extranjeros irrumpieron sin previo aviso.

Desde entonces, la llamada «estrategia» del gobierno comienza con una supuesta estabilización para luego avanzar hacia una recuperación y transición política. Sin embargo, esos planes vienen siendo ejecutados a medias y con pocos resultados tangibles, especialmente en la política exterior, un área en la que nunca vimos un cambio profundo.

Un Ministerio de Relaciones Exteriores en crisis

La Cancillería venezolana atraviesa una crisis institucional y diplomática que se refleja en respuestas oficiales que minimizan hechos evidentes, negando alertas claras de inseguridad internacional. Esa desconexión erosiona la capacidad del país para relacionarse con potencias y proteger su imagen en el extranjero.

Reemplazar funcionarios sin cambiar reglas de fondo solo reproduce la misma dinámica que llevó al aislamiento actual. La Ley Orgánica del Servicio Exterior data de 1962 y permite que cargos clave se asignen «a dedo», más que por méritos y concurso. Un embajador designado por concurso no es la excepción, sino la prueba de que el sistema debe reformarse ya.

Alianzas que Venezuela sigue sin entender

El mundo cambió. Sobrevivir en geopolítica no es cuestión de discursos ni acuerdos llamativos, sino de elegir aliados que defiendan la seguridad jurídica y luchan contra amenazas reales: cárteles, regímenes dictatoriales y narcoterrorismo.

Países que afrontan la crisis con «mano dura», centrados en proteger a su población y su soberanía, tienen la clave del éxito. Seguir apostando al discurso de «derechos humanos» como barrera frente a la autoridad simplemente debilita al Estado y perpetúa la inseguridad.

¿A qué atenerse de aquí en adelante?

  • Replantear si seguir aislados o recuperar espacios en organismos internacionales clave.
  • Dejar de lado ideologías para apostar por pragmatismo económico y alianzas claras con el mundo libre.
  • Una política exterior que defienda soberanía, priorice la seguridad y abra mercados en sectores estratégicos, dejando atrás la retórica.

Lo que está en juego no es solo cambiar nombres en la Cancillería, sino romper con la estrategia fallida que mantiene a Venezuela en la periferia política internacional. Sin este giro, no hay posibilidad real de recuperación ni respeto por la soberanía nacional.

¿Está Venezuela preparada para asumir ese cambio o seguirá atrapada en su propio aislamiento?

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