El 9-A en Venezuela: Así Delcy Rodríguez consolida el poder sin ceder nada

9 de abril: la radiografía del nuevo régimen en Venezuela

En solo unas horas, el régimen de Delcy Rodríguez desplegó una táctica clara y calculada para afianzar el control tras la salida de Maduro. No son hechos aislados, sino tres frentes de una misma estrategia con consecuencias profundas para Venezuela.

Primero: la protesta que el régimen quiso silenciar, no solo controlar

Más de 2.000 venezolanos, entre trabajadores, pensionados y estudiantes, marcharon desde Plaza Venezuela hacia Miraflores exigiendo salarios dignos que en realidad equivalen a 27 centavos de dólar al mes. La respuesta: represión inmediata con gas pimienta, escudos antimotín y al menos un detenido desaparecido. Si bien fue menos agresiva que en pasadas jornadas, la policía estaba lista antes de que comenzara la marcha, dejando claro que no fue reacción, sino estrategia preventiva.

Lo que ocurre no es casualidad: esta fue la cuarta protesta laboral del año y la primera que intentó llegar al corazón del poder. Además, la movilización se replicó en otras regiones clave. La tendencia es clara y preocupante para el régimen, que ya agenda otra protesta para la próxima semana dirigida a la Embajada estadounidense, cuestionando el papel y los resultados de la política de Trump en Venezuela.

Segundo: control absoluto del sistema judicial y de control interno

En plena jornada de tensión callejera, una Asamblea Nacional afín al régimen nombró a Larry Devoe como fiscal general y a Eglée González Lobato como defensora del pueblo. Estas designaciones blindan la impunidad y cierran cualquier veta institucional interna para exigir rendición de cuentas. La intención es dejar sin armas legales a quienes puedan desafiar al régimen desde dentro.

Tercero: normalización económica sin garantías políticas

Mientras reprime y captura el Estado, el régimen abre las puertas a empresas como ConocoPhillips y ExxonMobil, legaliza una nueva ley minera para atraer capital extranjero y recupera rutas aéreas internacionales. El mensaje al mundo es uno: la economía se estabiliza y Venezuela vuelve al mercado, pero sin avances reales en democracia ni derechos.

Una estrategia madura con riesgos subestimados

Este patrón de estabilizar económicamente mientras se endurece políticamente no es nuevo. Lo documentaron expertos en autoritarismo en China o regímenes competitivos. Pero verlo ejecutado en Venezuela, tan rápido y con tanta precisión, revela disciplina y buen asesoramiento del régimen.

Sin embargo, esta fórmula tiene un talón de Aquiles: la represión sostenida contra necesidades básicas erosiona cualquier base social, y la inflación galopante con salarios que no cubren ni lo más básico, multiplican las tensiones más rápido que la capacidad represiva.

Además, la presión internacional puede cambiar tras las elecciones de medio término en EE.UU. este noviembre, lo que podría reducir el incentivo externo para forzar una transición real.

¿Qué viene?

Mientras la economía se normalice sin condiciones políticas claras — elecciones libres, liberación de presos, reformas institucionales — el régimen seguirá ganando tiempo y legitimidad práctica. Esto implica un costo creciente para quienes defienden la transición democrática, que deberán responder a un poder que parece estable, pero que no oculta su fragilidad.

El 9 de abril fue la foto clara del presente y el futuro inmediato de Venezuela: un régimen que reprime para ordenar, normaliza para ganar respaldo y cierra la vía institucional para perpetuarse. La pregunta es: ¿quién y cómo construirá una estrategia que rompa este esquema antes de que sea demasiado tarde?

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